Salud y Sexualidad

Las personas de la tercera edad también tienen derecho


Durante este tiempo en que hemos publicado esta columna y transmitido el programa de la televisión, lectores y televidentes en edades entre los 20 y 40 años, manifiestan preocupación por la sexualidad de sus padres mayores de 60 años o de sus abuelos. Nos referimos a dos situaciones en particular, las parejas y viudos de la tercera edad.
En su mayoría, nuestro público rechaza la sexualidad de sus familiares por considerar que “los viejos”, ya no deben pensar en sexo. Expresan repugnancia y hacen de todo por impedir que ejerzan su sexualidad. Entre algunas acciones está mantener “palmado” (sin dinero) al abuelo(a) limitándolos al suministro de la alimentación.
Queridos amigos(as), los viejos también tienen derecho. El deseo, pero más aún el derecho, a la sexualidad no se pierde con la edad.
Cuando reflexiono en este tema recuerdo las palabras bíblicas en las que Dios autoriza a los viudos casarse de nuevo.
Pero lejos de querer dictar un sermón, quiero que escuches a esos seres incomprendidos. Imaginate el rostro de ese viejo (a) hablándote de frente con su voz más dulce.
-“Hijo mío, quiero decirte algo con amor, por favor no me vayas a mal interpretar. Hace mucho que deseaba decirte estas cosas. Aunque ahora mi piel esté arrugada, tengo el mismo deseo de recibir y dar caricias al igual que cuando era niño y joven. Aunque ya dejé de ser joven aún siento el deseo de expresar sanamente afecto hacia las personas que me atraen.
Espero que no te molestes hijo mío, pero quiero que sepas que sueño con tener una nueva pareja a quien amar y con quién compartir mis sentimientos por el resto de mi vida.
Sé que hace mucho tiempo me jubilaron, pero todavía tengo fuerzas para trabajar en la casa y no ser tu carga, aunque sea para lavar los platos. Muchas veces me siento humillado por la forma en que me das el dinero, me advertís que lo utilice exclusivamente para la comida.
Sé que perdí mi atractivo de la juventud, pero también me he dado cuenta que hay una persona que ve más allá de mis arrugas y descubrió mi belleza interna y está dispuesta a compartir conmigo no sólo la misma cama, también las flores, el olor a tierra mojada, el canto de los pájaros y otras bellezas que a tu edad también pasaba por alto.
¿Sabes? Hoy más que nunca, tengo cosas que compartir, porque he vivido tanto, que alcancé a comprender que cada día que amanece es una bella oportunidad para contarle a alguien que el jardín del patio amaneció lleno de flores y que al árbol de margaritas llegó un nuevo colibrí.”
“Te amo hijo, gracias por escucharme”.