Salud y Sexualidad

Miedo al pene


La persona se queda paralizada, tiene taquicardia, sudores, temblores y hasta se desmaya. Esos síntomas son comunes en las crisis de pánico. Pero hay un tipo de fobia muy singular, la falofobia.
Falo + fobia = pene + aversión (más que miedo). O sea, es el miedo irracional al miembro masculino y de las situaciones a él relacionadas.
Al principio, es común imaginar que eso pasa con una mujer que tuvo traumas o sufrió alguna violencia sexual. Así, desarrolla aversión al pene. Pero no en todos los casos se da por esta razón. “La falofobia puede suceder con hombres y mujeres, sin tener problemas de violencia “, dijo la psicóloga y sexóloga Carolina Gonçalves de Freitas, de Brasilia.
La falofobia, por lo tanto, no tiene como base una simple relación de causa y efecto. La fobia sexual también sucede por evitar y sentir aversión a tener sexo con la pareja, situación en que están presentes sentimientos de repulsión, ansiedad y miedo. El problema no está sólo conectado a la relación: la persona puede tener miedo de mirar el pene (erecto o no), llegar cerca, imaginar o hacer sexo oral. “Dependiendo del grado de miedo, la persona no consigue tener una relación sexual, pues no consigue ni ver el pene. Y el sexo comienza por el antojo”, afirmó la sexóloga.
Si no son experiencias sexuales ruines o violentas, ¿qué causa la falofobia? Ésa es una pregunta aún llena de misterios, como la mente humana. “En ese caso, entramos en la categoría de todas las fobias. Y el componente muy fuerte en cualquier fobia es la ansiedad”, dijo la profesional. Según ella, no hay un motivo específico que pueda desencadenar esa fobia.

Tratamiento
Así como otras dificultades sexuales, la falofobia puede ser tratada. Los síntomas y conflictos pueden ser comprendidos y trabajados. Para eso, es necesaria, en primer lugar, la motivación personal. La conversación sobre el asunto también es un gran paso en búsqueda de la mejora.
Entre las formas para tratar el problema está la terapia cognitiva de comportamiento, cuyas técnicas generalmente son usadas en los tratamientos de todas las fobias. En la desensibilización se verifica por escala el límite de ansiedad de la persona, hasta donde da cuenta. O sea, son presentadas situaciones para ir aprendiendo a lidiar hasta llegar al tope.
En las fobias sexuales también se trabaja con la historia de vida de las personas, su sexualidad y sus expectativas. “A veces, estudiamos la educación sexual. No es natural, pero las personas tienen la costumbre de generar miedo en los niños y en los adolescentes, como si sexo fuera un bicho raro. Esa es otra cuestión a ser trabajada juntamente con la fobia”, explicó Gonçalves.
Exactamente, por entrar en el ámbito de la educación, de los valores y de la cultura de cada uno, la fobia sexual es más difícil de ser tratada, pues encuentra resistencia del paciente en hablar sobre el asunto.

Terra