Salud y Sexualidad

De la lactancia a la ablactación


El período de ablactación, llamado comúnmente período de destete o alimentación complementaria, comprende la incorporación progresiva de alimentos diferentes de la leche materna una vez cumplido el sexto mes de vida hasta alcanzar una alimentación completa. La consistencia de los alimentos va en aumento desde la alimentación líquida (sólo leche materna) a una muy suave (verduras y frutas en trocitos o machacadas), luego, suave (combinaciones de alimentos de mayor consistencia como yema de huevo duro, pescado, quequisque, papa, malanga), a trocitos (combinaciones de alimentos de mayor consistencia como trigo, arroz, tortilla, pan, pastas, galletas, frijol u otra leguminosa como lentejas, habas) para integrarse en la dieta familiar a los 12 meses de vida.
Si la evolución del peso es satisfactoria y el niño está sano, se debe dejar que él mismo marque el ritmo de las comidas, según sea su apetito y nunca forzarlo a comer más de lo que desea. La comida no debe ser un castigo, sino un momento agradable que posteriormente quedará bien definido. Por lo general, los lactantes sanos, duplican su peso de nacimiento entre los cuatro a seis meses de edad y lo triplican alrededor del año. La longitud aumenta en 50% durante el primer año de vida.

Control de crecimiento para una mejor alimentación
El monitoreo de la velocidad de crecimiento del lactante se convierte entonces en el mejor método para determinar la alimentación adecuada. Si un niño comienza a reducir la ganancia de peso, se estanca o lo aumenta en exceso, habrá que vigilar con cuidado su consumo de energía y nutrientes. Si la velocidad de aumento de talla cesa o se reduce, será necesario investigar la probabilidad de desnutrición o de alguna otra enfermedad. Cuando el aumento en peso es mayor a la talla, se debe investigar la cantidad y tipo de alimentos que se ofrecen.
Otra consecuencia de la mala alimentación puede ser la obesidad infantil. Generalmente, son niños con exceso de apetito que no crean ningún problema a la hora de comer, lo que enorgullece a los padres. Sin embargo, esto les llevará más tarde a una vida sedentaria, rechazando cualquier actividad que exige esfuerzo físico, apartándole de sus amigos, se volverá tímido y retraído. En estos casos se debe organizar y planificar las comidas del niño evitando excesos, disminuyendo su dieta de azúcares, papas, las grasas, frituras, golosinas y el pan. Se deben sustituir por una mayor cantidad de frutas, verduras, pescados, huevos y carnes, que son de menor contenido de energía pero de superior valor nutritivo.

Ruth López - Información, Educación y Comunicación
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