Salud y Sexualidad

El poder de los sentimientos

Las personas con grandes capacidades emocionales están cómodas consigo mismas y con los demás; suelen ser desenvueltas, extrovertidas y alegres; tienen un fuerte compromiso con quienes los rodean y su vida emocional es rica

El Universal

La temporada de fin de año nos ayuda a recordar que en esta vida los objetivos no se consiguen sólo con la razón, sino con el corazón, ya que depende, sobre todo, de la capacidad de analizar y canalizar los sentimientos. La atención sostenida a lo que sucede en nuestro mundo interior es la gran herramienta de la educación emocional.
“La capacidad de saber lo que uno siente y lo que le pasa a quienes le rodean, además de ayudarnos a manejar esos sentimientos con acierto, son a veces más importantes para nuestro destino que el coeficiente intelectual”, señala el psicólogo Daniel Goleman Goleman, autor del libro Inteligencia emocional.
Las personas con grandes capacidades emocionales están cómodas consigo mismas y con los demás; suelen ser desenvueltas, extrovertidas y alegres; tienen un fuerte compromiso con quienes los rodean y su vida emocional es rica.
Según el psicólogo estadounidense Peter Salovey, catedrático de la Universidad de Yale, las emociones intervienen en cómo resolvemos los problemas e influyen en cómo generamos planes: “pueden alterar la organización de la memoria, de modo que se integre mejor el material cognitivo y las ideas que parecían dispersas aparezcan relacionadas y fáciles de recordar”.
Para este experto, “quienes no han efectuado su aprendizaje emocional de pequeños pueden reeducarse de adultos: la psicoterapia, un sólido matrimonio o una amistad profunda pueden ser la fuente de lecciones emocionales provechosas y cada persona puede intentar controlar su mal genio o ‘leer’ mejor sus propias emociones”.
Según Goleman, para mejorar la inteligencia emocional “hay que motivarse y controlar la furia o potenciar la empatía, escuchando más a los demás. Hay que concentrar los esfuerzos en reemplazar las respuestas automáticas por otras mejores. Si se persiste en el intento, el circuito cerebral que induce una nueva actitud será cada vez más fuerte, hasta que se consolide”.
Para la sicóloga clínica Marichu Hidalgo, “la mayoría de los conflictos que hacen que una persona se movilice y busque soluciones, tienen que ver con el mundo emocional y el tono anímico en sus relaciones”.
Una de las emociones más nocivas es el miedo: al futuro, a la inseguridad económica, a la soledad. La gran aventura emocional es el amor, distorsionada por la dependencia y el miedo al rechazo y al abandono, que surgen cuando la pareja afronta situaciones complejas.

Darse cuenta, la llave del cambio
Otra emoción clave es la adicción a ciertas ideas, formas mentales o conductas de las cuales no podemos liberarnos o no queremos.
Para el psicoterapeuta transpersonal José María Doria, la gran herramienta de la educación emocional es la atención sostenida, que consiste en estar despierto o en observar las cosas, para “darse cuenta” de lo que sucede en nuestro corazón y mente.
“Al recibir una mala noticia solemos generar un estado de protesta, queja, victimismo o desgracia, que nos invade emocionalmente. No estamos atentos para saber que detrás de esas situaciones, en apariencia negativas, hay cambios que nos hacen evolucionar y oportunidades de desarrollo”, señala.
Otras veces llegan cosas que hemos pedido, pero que ahora nos asustan porque no sabemos lo que nos deparan. Estar atentos sirve para darnos cuenta de que estamos progresando.
Mediante la atención sostenida tomamos conciencia de lo que pasa dentro nuestro y localizamos las raíces de nuestros estados negativos, de tristeza, soledad, miedo o indefensión. A partir de allí, podemos reprogramar nuestros modelos mentales y formular en palabras aquellos estados que queremos vivir.
Al recrear nuestros programas mentales y cambiar nuestras creencias más profundas, elegimos lo que queremos creer, y terminamos por crearlo.
“Confirmamos nuestras creencias constantemente: si uno piensa que no se merece prosperar, por más que trabaje horas y horas, su inconsciente saboteará esa abundancia que uno afirma que desea, pero que todavía no ha sido asimilada por su mente”, dice Doria.