Salud y Sexualidad

La siesta

Nuevos estudios aseguran que dormir una siesta una hora después del almuerzo reduce en un cuarenta por ciento las posibilidades de sufrir un infarto

Laura Vázquez

El descanso tras el almuerzo es un hábito antiguo heredado de la cultura grecolatina. Investigaciones pasadas aseguraban que el descanso diurno podía incrementar el riesgo de sufrir un ataque cardíaco, sin embargo, un reciente estudio epidemiológico realizado por médicos del Liverpool John Moores University, de Gran Bretaña, efectuado sobre una población de más de 23 mil griegos que durmieron siesta durante varias semanas, demostró resultados totalmente opuestos.
Se pudo comprobar que, quienes descansaban de manera cotidiana después del almuerzo, tenían una reducción del 37 por ciento de sufrir algún episodio cardíaco fatal, mientras que aquellas personas que sólo dormían la siesta de manera esporádica tenían una disminución sólo del 12 por ciento.
“Un descanso de treinta minutos es altamente recomendable y está demostrado que produce grandes beneficios en el organismo y en la psique humana. Se reduce el riesgo de infarto y se elimina el estrés. La persona se despierta renovada y fresca, apta para seguir enfrentando el resto del día con las ideas renovadas, con una capacidad creativa y de razonamiento diferentes. Después de una ligera siesta el rostro refleja luminosidad y frescura”, comenta el clínico chileno, especialista en trastornos del sueño, Juan Ernesto Zuviría.

Siesta moderada
La presión arterial se disminuye, ya que “durante el sueño, los cambios metabólicos que se producen hacen que se reduzca la frecuencia de los latidos cardíacos y la tensión arterial. Por tal razón se puede pensar que esta reducción contribuye a tener menos posibilidades de sufrir algún evento coronario”, explica Zuviría.
Este hábito no es recomendable para quienes sufren de insomnio o hipertensión. Los especialistas indican que hay que ser cuidadosos con este tema, ya que “dormir más de media hora de siesta y hacerlo después de las cinco de la tarde puede perjudicar el ritmo biológico del sueño y ocasionar insomnio, menos capacidad de concentración durante el día e incluso favorecer accidentes de trabajo y de tránsito”, asegura el especialista.
Se creía que la siesta era una consecuencia inevitable del proceso digestivo, pero los científicos aseguran que el cerebro pide un tiempo de descanso que se presenta cuando se inicia la tarde y si se tiene un almuerzo pesado, la sensación de cansancio se acentuará mucho más.
La importancia de la siesta se centra en que es un período de descanso que en ningún momento llega a ser profundo. “Se permite una desconexión de la conciencia que está relacionada con el descanso que antecede a una actividad que debe ser retomada. Si seguimos durmiendo y pasamos a una fase más profunda, tendremos una sensación de aturdimiento, incluso más cansancio, que no será positivo si se debe encarar una tarea laboral”, comenta Zuviría.
Su práctica debería ser ejercida como una rutina más dentro de las innumerables actividades diarias, ya que aporta beneficios al organismo y ayuda a enfrentar las tareas con agilidad, frescura, claridad mental y energía.

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