Salud y Sexualidad

El duelo de la separación

Cuando una pareja se separa, queda la sensación de estar solo, de sentir que todo se ha terminado, de pensar que se acaba de entrar a un mundo nuevo y desconocido, en el que muchas veces se llega de manera forzada e involuntaria.

La primera etapa marca sentimientos muy especiales; muchos se sienten contentos y liberados, porque la carga de sufrimiento ha sido demasiado grande y ha excedido sus posibilidades de manejo.

El período de aceptación
El proceso de separación incluye un duelo para el que no se estaba preparado, es aceptar la pérdida, lo que va desde no volver a relacionarse con la persona, hasta enfrentar el deterioro del estatus social y familiar.
El sufrimiento y los sentimientos negativos que ocasionan la separación están más arraigados en aquel que tiene la sensación de haber sido abandonado, de no ser querido, contrario a lo que se piensa, las obligaciones económicas y la crianza de los hijos son secundarias a la pérdida afectiva.
La mayoría de las investigaciones coinciden en afirmar que son los hombres los que en mayor número abandonan la casa, pero son las mujeres las que en mayor cantidad solicitan la separación. Los sentimientos dolorosos varían en intensidad de acuerdo con el tiempo de separación.
En un principio, la depresión, la desolación, la sensación de desesperanza e inseguridad se apoderan de ellos. Más adelante vendrá la rabia y la agresividad, por un lado por no entender lo que está sucediendo, y por otro, por la no aceptación de las condiciones planteadas en la separación.
Cuando la ruptura ha sido planteada en forma abrupta e intempestiva, genera una reacción de choque muy fuerte. Si en esta separación está comprometida una tercera persona, suelen presentarse comportamientos desorganizados que exceden toda lógica y por consiguiente, un profundo dolor.
El dolor y la angustia por la pérdida no sólo se refieren al rompimiento del vínculo matrimonial, sino también al desmoronamiento de las ilusiones, al miedo al futuro, a la pérdida de la seguridad, al hecho de perder el afecto y a la incertidumbre de volverlo a encontrar.
Pero lo principal es ver la realidad, la dura realidad, que estás en una etapa difícil, pero debes empezar por organizar tu vida, un estilo de vida diferente, donde se incluye: velar por tu salud, la autoestima, entregarte más a tus hijos, al trabajo; emprender proyectos en los que puedas hacer nuevos amigos, visites distintos lugares. Dios es un gran refugio, Él ha prometido estar en las angustias y nos da fuerzas para seguir adelante.

Lic. Ledia Gutiérrez Lanzas
Psicóloga clínica
Consultorio psicológico Mente Sana
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