Salud y Sexualidad

Historias de hospital

Julia fue técnicamente virgen hasta los 25 años. Cuando se encontró al maldito perro muerto

Jove

“Salíamos las tres”, le dice Margarita a la enfermera que en ese turno se ha compadecido de ella y le ha llevado un poco de calor humano en la madrugada.
“Pasábamos más tiempo en la barra de los bares en nuestras continuas evaluaciones de los posibles candidatos, que intercambiando miradas para amanecer aferrada a un joven”.
“Mucho ruido y pocas nueces”, observa Clara, la enfermera de 50 años que se ha deslizado esa madrugada hasta la habitación de Margarita.
“Era más jugar con la posibilidad, con lo que pudo ser y no fue”, sonríe Margarita para ocultar en ella una mueca de dolor. Y continúa: “La única activa, desde siempre, quizás desde Kinder, cuando descubrí la diferencia entre las niñas y los niños; entonces me interesaron los niños, sabía desde la niñez que serían el veneno necesario para la vida”.
¿Y tus amigas?
“Estelí mantuvo una reacción homosexual durante 15 años”, responde.
¿Es lesbiana tu amiga? --pregunta Clara tratando de ocultar su provincialismo.
“No, le gustan los hombres... a su ex marido también”, comenta Margarita.
Clara apenas puede contener la risa, la contiene por respeto a otros que en el pasillo ya han recibido la noticia fatal: "Un milagro, un milagro es lo que pueden esperar".
Así continúa el interrogatorio de la enfermera: ¿tu otra amiga es la que busca el hombre perfecto?
“El que tenga olor de santo y entrepierna de demonio”.
Clara consigue, con gran esfuerzo, contener la risa.
“Julia fue técnicamente virgen hasta los 25 años. Cuando se encontró al maldito perro muerto”.
¿Cómo es eso que técnicamente?
“Buen… yo tenía un novio, en realidad dos novios oficiales, y uno de repuesto. Julia en ese tiempo tendría unos 20 años, era bien tímida, lo más cerca que había estado de un hombre, era una vez que miró a un tipo mear en la calle. Fue un Día de las Madres, yo para variar discutí con la mía en la cena y decide regalarme una noche de pasión con uno de mis chicos. Julia, norteña como es, no pudo viajar a su ciudad para pasarla con su madre, entonces se me colgó. Es curioso, pero las amigas en lugar de facilitar las cosas de pareja, las complican, los hombres también quieren impresionarlas, por si en alguna necesidad se la encuentran”.
“Conozco el tipo”, confirma Clara que prepara una inyección.
“Pues, mi mueble de turno llegó al bar, y quizás por la fecha, nos estuvo hablando de que quería ser papá. Pero él no. Le dije que conmigo no sería padre nunca”.
“Ah…”
“Entonces se puso triste, casi que nos llora ahí, que yo no lo quería, no lo valoraba. El asunto es que la cosa se puso fea, se le subieron los tragos y Julia se ofreció a llevarlo.
Entiendo, ella aprovechó la situación y... No, ella siguió con virginidad técnica otros cinco años”.
¿Entonces?
“Nos contó que por delante no fue... porque ella quería llegar virgen al matrimonio”.
“Ahhh..., con razón lo de técnica”, comenta la enfermera.
Clara en esta ocasión no puede contener la risa que se expande por el pasillo y todas las habitaciones del hospital, no lo sabe, pero su risa ha llevado alegría a cientos de corazones tristes.
Margarita respira profundo, tiene que preguntar: “Dígame la verdad Clara, ¿cuánto..?
¿Creés en los milagros Margarita?
“Sí... quiero creer…”
“Pues necesitarás un milagro enorme”, le dijo la enfermera.