Salud y Sexualidad

Leche materna

No se deje llevar por las creencias de la gente, tenga en cuenta lo que dicen los especialistas

La leche materna es esencial para la nutrición y desarrollo de la niñez en sus primeros meses de vida, y su importancia nos debe hacer reflexionar sobre esa necesidad.
Por eso se recomienda ese alimento con prioridad mínimo hasta los seis meses de edad, no obstante, eso no impide que a partir del primer semestre de vida se integre a la alimentación del bebé otros sustentos. La leche de la madre sigue siendo una importante parte de nutrición hasta los dos años de edad, fundamentalmente porque aporta defensas inmunológicas y favorece el desarrollo del cerebro.
Mitos sobre la lactancia
Mito: La leche materna no es adecuada después del primer año de vida.
Realidad: No sólo es excelente, es irremplazable. No hay otro alimento que aporte los nutrientes del lácteo de la madre.
Mito: Es una creencia popular que la baja o alta producción de leche se hereda.
Realidad: En esto nada tiene que ver ni la suerte ni la herencia, sino la frecuencia con que la madre se prende al niño eficientemente en sus mamas. Es importante reconocer que si en el entorno de una madre lactante hay otra madre que no ha vivido una buena experiencia, influye con comentarios poco felices en la nueva madre, disminuyendo su confianza. Esto no ocurrirá si está bien informada.
Mito: Para producir leche hay que consumir leche.
Realidad: Es muy frecuente escuchar que la madre lactante debe aumentar el consumo de leche para hacer frente a la demanda de calcio aumentada por la lactancia. Sin embargo, una dieta rica y saludable de verduras, frutas, cereales y proteínas es todo lo que necesita para nutrirse y producir leche. Es conveniente no aumentar el consumo de lácteos de lo que habitualmente consumía la madre, porque esto está relacionado a alergias en el bebé (por proteínas de la leche de vaca que pasan a la leche materna). El calcio se puede obtener de una gran variedad de fuentes no relacionadas con los lácteos, como las verduras verdes, semillas, frutos secos y ciertos pescados, como la sardina. Por último, ningún otro mamífero toma leche para producir leche.
Mito: Algunos niños son alérgicos a la leche materna.
Realidad: La leche materna es la sustancia más natural y fisiológica que el niño pueda ingerir. Si el bebé muestra signos de sensibilidad relacionados con la alimentación, en general se debe a alguna proteína ajena que ha logrado llegar a la leche materna (es frecuente cuando la madre aumenta el consumo de lácteos). Esto se remedia eliminando el posible alimento ofensivo de la dieta de la madre.
Mito: La lactancia materna frecuente puede causar obesidad en el niño o de adulto.
Realidad: Los estudios científicos demuestran que los niños amamantados autocontrolan la ingesta de acuerdo con sus propias necesidades, y es prácticamente nula la incidencia de obesidad. Es la alimentación con fórmulas lácteas, y la introducción precoz de alimentos complementarios la causa de que se vean afectados de obesidad al crecer, no la lactancia natural.
Mito: El éxito de la lactancia depende del tipo de parto, de la forma de los pezones y del tamaño de los pechos.
Realidad: El éxito de la lactancia está relacionado con la información que reciba la madre, su confianza en sí misma, colocar frecuente y eficientemente el bebé al pecho. No tiene que ver con la forma de los pezones, tamaños de los pechos o tipo de parto. Los pechos pequeños amamantan tan bien como los grandes. La forma de los pezones en general no afectan la lactancia, sin embargo, hay situaciones particulares, tales como pezones umbilicados o extremadamente grandes, que tienen dificultades al principio, que pueden tratarse oportunamente por el médico con conocimiento en el tema. El tipo de parto, la medicación que recibió la madre o incluso complicaciones asociadas al posparto, pueden afectar el inicio de la lactancia, pero se puede revertir la situación.
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