Salud y Sexualidad

EL POLLITO

Antes de que el chico responda, Estelí lo besa apasionada, apenas se toman tiempo para respirar, terminan en un hotel y la juventud de Hugo le da placer por horas, hasta que ambos caen rendidos

Estelí ha descubierto algo nuevo en su vida: una cana.
- Nunca tuve canas - le dice preocupada al psiquiatra con el que se ha comunicado de emergencia.
- Es normal a tu edad --le explica el doctor-- tu cuerpo empieza a dar signos de nuevos cambios.
- No estoy vieja --lo interrumpe preocupada, paga por la ayuda que no recibirá del profesional de salud mental y busca en la ciudad a alguien más competente. Pero los especialistas competentes cuestan un ojo de la cara, que es lo equivalente a decir que las liposucciones y los estiramientos de arrugas por menos de mil dólares no las hacen, pues son tan caras como mandar a traer un órgano de la India. Por eso busca una opción más barata, aunque no tiene el ánimo de ahorrar en temas de salud mental. Busca un bar de moda de tragos a cinco dólares, ese precio se justifica al comprobar que el trago es más hielo que alcohol.
- Tengo una amiga con cáncer --le dice a ese eterno psicólogo del mundo, el hombre del bar -- por alguna razón creo que lo va a superar.
A mí me deprime que ahora, por primera vez, tengo una cana.
- Tengo un amigo que hace buenos tintes --le dice el hombre del bar, y ella entiende que una vez más no podrá realizar uno de sus sueños, se pregunta si acaso todos los hombres que sirven tragos en el mundo son gay.
Busca en el bar a alguien que quiera escucharla, alguna persona que ande tan gastada del mundo como ella, alguien que le haga sentir joven de nuevo. Lo ve al final de la barra, adivina en sus finos trazos pocas noches de desvelo, quizás por las asignaciones de matemáticas, nada más.
- Me llamo Estelí - se presenta con un valor inesperado.
- Hugo -- responde con timidez.
- ¿Y ese milagro por aquí? --le coquetea.
- Soy un fracasado.
- Tan joven y tan rotundo.
Antes que el chico responda Estelí lo besa apasionada, apenas se toman tiempo para respirar, terminan en un hotel y la juventud de Hugo le da placer por horas, hasta que ambos caen rendidos.
- No tengo dinero para pagar --se excusa el chico en la mañana.
- No te preocupés, yo pago el motel --lo calma.
-Me refiero a -corta el comentario Hugo consciente de que ha cometido un error.
Estelí sonríe, en algún lado en la literatura erótica para adolescentes las mujeres de la calle son deseables.
-Y jóvenes --sonríe feliz Estelí.