Salud y Sexualidad

Sexo y alcohol

Se ha convertido en un mito la creencia de que con alcohol se eleva la capacidad de excitación sexual, sin embargo, el estímulo que ejerce sobre las personas es más bien psicológico

EFE / Reportajes
El alcohol es un poderoso líquido espirituoso que anima a desinhibirse de los complejos y aumenta la excitación y la alegría. Embriaga, arrebata... con dos copitas o tres cualquiera se puede sentir realmente contento y, sin embargo, frustrar sus aspiraciones amatorias. Es fácil recurrir a él, pero ¡atención a la dosis!, que puede dejarnos con las ganas.
Son muchas las reacciones físicas que la ingesta de alcohol puede provocar tanto en el organismo de la mujer como en el hombre. Y también existen consecuencias sicológicas como reacción al abuso de los líquidos espirituosos, si éstos causan estragos sobre las prácticas sexuales y la capacidad de sentir placer.
El alcohol es un recurso cuyo uso está socialmente aceptado e, incluso, sobrestimado. Se tiene por costumbre en la primera cita invitar a la pareja a cenar y, por supuesto, regar la velada con vino; después, una copa de champagne parece lo más romántico para finalizar ese encuentro que, en realidad, quiere comenzar, pero ya en un sitio más discreto y reservado.

El alcohol: en medio de la velada
Un hombre cita a una mujer en un restaurante, generalmente caro, donde el servicio es esmerado, quizás excesivamente, y el menú es posible esté compuesto por platos con nombres de significado incomprensible. Ella se viste de forma especial para la ocasión y él espera ansioso su llegada pidiéndose un ‘trago’ para soportar el curso de los minutos que pasan tras la hora prevista.
El espectador no llegará a poder saber qué es lo que contiene el plato, pero lo que sí resaltará en la mesa de nuestros dos protagonistas serán las altas copas a las que echarán mano de vez en cuando, tratando en este movimiento de desplegar toda la sensualidad posible. La forma en que los labios se posan en el filo de la copa, el suave movimiento hacia atrás del cuello mientras es absorbido el vino y, finalmente, la lentitud con que es dejada de nuevo encima de la mesa. Todo este proceso que para un sediento transcurriría en un par de segundos, en este especial ritual de aparejamiento llevará por lo menos medio minuto.
La copa de vino en estas situaciones se convierte en un elemento imprescindible donde desplegar la máxima seducción y sensualidad para intentar transmitir al que está enfrente el deseo y la invitación ineludible al sexo.
La mayor parte de los guiones cinematográficos o anuncios publicitarios venden esta imagen del alcohol y el contenido del mensaje es el mismo: las posibilidades que ofrece, como si de una fórmula mágica se tratara, para facilitar que dos personas lleguen a despojarse de miedos y temores, y consigan desearse ardientemente entre los efluvios de unas copas. Pero hay que conocer cuál es realmente el contenido de esas copas y lo que, además del juego amatorio y estético que proporcionan, se está provocando con ello porque puede llegar a convertirse en un juego peligroso.

Y después de esas copas...
Se ha convertido en un mito la creencia de que con alcohol se eleva la capacidad de excitación sexual, sin embargo, el estímulo que ejerce sobre las personas es más bien psicológico. Puede ser estimulante del apetito, y funcionar como tranquilizante y sedativo, de la misma forma que aumenta el optimismo. Pero estos efectos que son someros y no peligrosos se obtienen si la medida de alcohol es moderada, lo que viene a ser una copa o dos. Cuando esta medida aumenta, las consecuencias sobre la personalidad son más peligrosas.
Un aumento exagerado de la estima o de la violencia puede disturbar las relaciones interpersonales y dañar la propia imagen. Pero, además, puede tener otras consecuencias...
En el hombre, incluso dosis inferiores a las establecidas como límite legal para determinar si está embriagado (0.08 por ciento) produce la supresión de la erección, debido a que inhibe el óptimo funcionamiento del sistema nervioso autónomo (situado en el cerebro) implicado en la respuesta al estímulo sexual, que al reconocerlo debe irrigar sangre al pene para posibilitar la erección. La consecuencia es que se impide la penetración y el esperado coito.
Además debilita la capacidad masturbatoria, disminuyendo el goce y la intensidad del orgasmo.
Esta situación, si se repite con frecuencia, puede provocar el miedo a la hora de intentar mantener relaciones sexuales y producir una respuesta sicológica de ansiedad que impida en circunstancias normales poder disfrutar de las relaciones sexuales. Llegados a este punto es necesario recurrir a un psicólogo, quien dispensará la terapia adecuada para aumentar la autoestima del bebedor.
En las mujeres el problema es mayor debido a que ellas absorben el 30 por ciento más de alcohol en la sangre que los hombres y se intoxican más fácilmente porque tienen menos fluido corporal y más tejido adiposo, por lo que alcanzan más altas concentraciones de alcohol.
El problema que se genera en las mujeres es distinto al de los hombres, ya que en ellas el consumo de alcohol produce una inmediata pérdida de sensibilidad que reduce las posibilidades de alcanzar el orgasmo. Los sentidos se debilitan y el placer se reduce notablemente.