Salud y Sexualidad

Formar pareja

Las actitudes pueden ser factores que faciliten y nutran la relación de pareja o inoportunamente obstaculizadoras, generadoras de malestar y posiblemente de rupturas

Se piensa que la sociedad da por sentado la libertad y la responsabilidad de los individuos que van a formar pareja después de un intenso proceso de selección, comunicación, interrelación, supuesto mutuo entendimiento y desarrollo de posibilidad de amor.
La pareja parece ser la primera instancia de una nueva familia y se da como la forma más viable de concretar el amor. Cuando a usted se le pregunta ¿por qué se casó? Seguro que contestará: porque estaba enamorada, porque creí que enriquecía mi vida, porque pensé que ya era hora, por no perder esa buena oportunidad.

Buscando la mezcla perfecta
Lo cierto es que universalmente el matrimonio se da por amor, aunque por excepción existan factores de conveniencia.
Parece ser que el amor es el único ingrediente, pero es necesario que existan dos expertos que sepan hacer la mezcla perfecta, y es en esta mezcla que la pareja facilita, potencializa y pone en un espacio común lo que uno trae dentro de sí mismo de forma valorada para ser conciliado, en muchos casos negociado, ya que de no ser así asfixiaría la posibilidad y el desarrollo de la pareja.
Para que esto se logre, es necesaria una elección libre, responsable y autodeterminada. Si la pareja corresponde a las exigencias de orden personal y si existe la buena disposición de ánimo para modelar las relaciones interpersonales que les permitan conocerse mejor, podrán liberarse de tantas ataduras sociales e ir construyendo un espacio nuevo.

Las actitudes
Estas formas valoradas que cada uno aporta al matrimonio y que hemos llamado actitudes pueden ser factores que faciliten y nutran la relación de pareja o inoportunamente obstaculizadoras y enfermizas, generadoras de malestar y posiblemente de rupturas. A la vez pueden ser productoras de vivencias abiertas, cálidas y seguras, o vivencias de temor, inhibición o pobreza en la expresión del afecto.
Para el común de la gente, la elección resultante es una mezcla de rasgos tanto positivos como negativos de sus imágenes y vivencias familiares de épocas tempranas.
La convivencia legitima la vida sexual, la relación con la familia política y los vínculos sociales explícitos la pareja debe compartir la misma casa y tomar decisiones en conjunto.
Esta nueva situación requiere un tiempo de ajuste, ambos enfrentan una serie de tareas cotidianas, cada uno espera que el otro se comporte de determinada manera, no conocen las transacciones y todavía no han empezado a desarrollar el proceso de los acuerdos.
Todos han formado parte de una familia, pero nunca habían intentado tener una, y eso tiene un costo, un proceso largo, tan largo que dura toda la vida y donde los únicos responsables somos nosotros mismos.