Salud y Sexualidad

¿Habla de sexo con su hijo?

La pornografía y la influencia de Internet fomentan también que los jóvenes corran riesgos innecesarios

Dunia Riera
EFE / Reportajes

Muchos adolescentes son unos grandes expertos en temas relacionados con el sexo y a los catorce o quince años ya tienen su primera relación sexual. Los padres se desentienden de sus hijos porque los creen sabedores y más experimentados que ellos, aunque eso no sea verdad.
“De hoy no pasa que lo haga”, dice Luis, de dieciséis años, refiriéndose al sexo. Los adolescentes se inician en el sexo casi cuando ni siquiera les ha aparecido el bello púbico porque lo ven en la tele, en alguna página pornográfica de Internet o, simplemente, para impresionar al resto de miembros de la pandilla.
Quieren practicar el sexo pero no saben nada de ello. No se percatan de los riesgos que pueden correr si no usan métodos preventivos. La culpa, en gran medida, la tienen los padres que, por pudor o porque creen que no es necesario, no educan sexualmente a los hijos.
Al menos ésta es la percepción de la filóloga y pedagoga argentina Nora Rodríguez, que publica “¿Hablas de sexo con tu hijo?, tras un año de investigación en contacto directo con más de 214 adolescentes de entre doce y veinte años.

Pornografía, alcohol y drogas
¿Cómo se inician en el acto sexual estos jóvenes que todavía van al colegio? Pues inspirados en lo que ven en las películas pornográficas o en las páginas de contactos de Internet.
Si a eso le sumamos la fuerza que ejercen los líderes sexuales de las pandillas y la necesidad de probarlo todo que impone la sociedad en la que vivimos, tenemos a unos adolescentes lanzados en el abismo de un mundo que, pese a no reconocerlo, desconocen.
“La realidad sexual de muchos jóvenes es sólo lo que ven o lo que otros anónimos quieren que vean”. Eso explica, según Rodríguez, la “vuelta a los prostíbulos”, porque está de moda en la televisión.
Precisamente la influencia de este medio de comunicación hace que chicos, pero sobre todo las chicas, quieran sentirse como la estrella televisiva que admiran más o como el mito sexual que las series crean pero que no existe en la realidad.
Es en este momento cuando empiezan a beber alcohol de forma desbordante y a tomar drogas, que les permite sentirse más seguros. Un 41% de los jóvenes de entre catorce y diecinueve años en las grandes ciudades europeas dicen que sus compañeros beben o usan drogas antes de tener relaciones sexuales con mucha frecuencia.
Los efectos de estas prácticas son tremendos. Un porcentaje elevado de adolescentes y, en especial, las chicas, no se acuerdan de si tuvieron o no relaciones sexuales la noche en que se emborracharon. Por eso, a la mañana siguiente acuden al centro médico a pedir la “pastilla del día después”, que ya se ha convertido en “un ingrediente más para el cóctel que ha comenzado con algún estimulante”.

El sexo de moda
El dogging, el sexo chill out, el sexo azul o el sexo teledirigido son nuevas modalidades de sexo practicadas por adolescentes. Términos que provienen de Internet o de chats que ellos mismos organizan.
El dogging es el sexo al aire libre con cualquiera. “Se trata de un tipo de sexo rápido, sólo para satisfacer un deseo inmediato”. Suele practicarse en bares, centros comerciales o casas abandonadas después de un botellón. El sexo teledirigido pone en práctica con la pareja lo que uno de los dos ha “aprendido” por Internet a través de una voz anónima.
El sexo azul aparece después de una larga noche en la que se ha consumido grandes cantidades de alcohol y drogas con el objetivo de ligar. El fracaso les lleva a recorrer al mercado negro de viagra, estas pastillas azules, de ahí el nombre, que les permite tener erecciones cuando el cuerpo ya no tolera más sustancias adictivas.
¿Qué tienen en común todas esas prácticas? Que quien las lleva a cabo mantiene una actitud irresponsable influenciada por los efectos de lo que se han tomado. Y que son relaciones superficiales tendentes a la exclusiva búsqueda del placer.

Educar en la adolescencia
Las relaciones sexuales sin condón también se han puesto de moda. Lo argumentan diciendo que “así se siente más”. Lo más sorprendente es que reconocen saber el riesgo que corren al no usar preservativo. Entonces, ¿por qué lo hacen? “Porque se sienten invulnerables, porque creen que por una vez no pasa nada”, opina Rodríguez.
Según la investigación de la pedagoga, “la forma de protegerse de los embarazos más frecuente entre adolescentes es el “coitus interruptus”, lo que ellos llaman “hacer el famoso” o “acabar fuera”. Creen, equivocadamente, que así no hay ningún riesgo de embarazo.
La única forma de combatir este peligro es ofreciéndoles información adecuada desde que son pequeños. No se trata de organizar sermones familiares sobre sexología. Rodríguez cuenta que el secreto es aprovechar una conversación relacionada con ello para instruir al o la menor. Además, propone que en los colegios “no sólo den charlas de educación sexual los que quieran vender compresas, sino profesionales médicos”.
“Los padres desconocen la sexualidad de sus hijos porque no se quieren enterar. En otros casos, porque dan a sus hijos un poder que no tienen como si fueran más experimentados que ellos”. Nora Rodríguez cree que los padres se desentienden de la educación sexual de sus hijos adolescentes porque no la creen necesaria.
Para la pedagoga, la educación sexual debería empezar desde bien pequeños, por ejemplo, “llamando a los genitales por su nombre” y no con los muchos otros nombres que se les atribuyen. Lo importante es enseñar que tener relaciones sexuales implica responsabilidad y respeto. Respeto a la pareja y a sí mismo. Deshacer mitos falsos y mostrarles la realidad siempre con cuidado, sin reñir y preguntando para hacerle reflexionar.