Salud y Sexualidad

Aprendizaje social por modelos

Además del modelaje pasivo o activo, existen otros elementos en la vida cotidiana que generan inseguridad, y en busca del balance necesario utilizamos mecanismos de compensación

La teoría conocida como “aprendizaje social por modelos” fue descrita por el psicólogo neoconductista Albert Bandura y es un extraordinario aporte a la psicología, pero a su vez representa un enorme reto personal, familiar y social.
Hace unos días, platicando con un buen amigo, me decía que una de las cosas que más irritación le generaba en sus relaciones interpersonales era la dificultad que algunas personas tenían de reconocer sus errores y de disculparse frente a frente en el momento adecuado.
En esa conversación yo le intenté dar mi punto de vista, que no sólo era una dificultad, sino que en realidad es más una incapacidad bastante generalizada, producto del aprendizaje.
Desde mi experiencia le dije que nuestra cultura tiene la responsabilidad de crear esas actitudes abiertas y francas, pero que favorece todo lo contrario.
Aprendemos imitando a figuras significativas presentes en el contexto social, y lo que se aporta en este campo deja mucho que desear.
Las personas que nos rodean a diario influyen decisivamente desde la casa, la comunidad, la escuela, los medios escritos, la pantalla televisiva y el Internet. Gracias a la gran penetración de los medios y al proceso de globalización son responsables en gran medida de este aprendizaje pasivo que queramos o no afecta a todos, pero principalmente a nuestra niñez y adolescencia.
Las personalidades de la vida pública, políticos, artistas, deportistas, etc., tienen una responsabilidad enorme en la transmisión de modelos, pues sus acciones, palabras y actitudes se hacen eco en generaciones a lo largo del tiempo y de la historia.
Mecanismos de compensación
Además del modelaje pasivo o activo existen otros elementos en la vida cotidiana que generan inseguridad, y en busca del balance necesario utilizamos mecanismos de compensación. Ante la baja autoestima podemos actuar como aquel de “dime de lo que alardeas y te diré de lo que careces”. O aprendemos que mentir “es más útil” cuando la exposición sincera de la verdad es castigada en la generalidad de los casos.
Aprendemos otros antivalores como la desconfianza en el otro como un patrón, “para no pecar de ingenuos o de tontos”.
Además que no es bueno mostrar afectos, premiar otros o aprobar en la práctica cotidiana las buenas obras o la buena conducta de los demás; eso es “normal”, “es lo que debe hacerse, ¿para qué felicitarlo entonces?”.
La dureza e intolerancia es muestra de fortaleza, lo que, sin embargo, es una muestra de marcada inseguridad, de miedo, en las relaciones sociales, convirtiéndose en una gran falsedad que quienes se muestran como jueces implacables actúan apegados siempre a normas y principios, buscando el bien común.
El mostrar los sentimientos es muestra de debilidad, y la crítica y burla indiscriminada es una actitud cotidiana.
La naturaleza nos muestra que ante una gran tormenta, los árboles más flexibles son los que sobreviven, ¿cual es el aprendizaje? Se necesita más fortaleza para ser flexible que rígido.
El balance final
Vivimos en sociedades en que increíblemente más vale un caballo o un toro que una persona, o en que la ideología y la política está por encima de los intereses de los seres humanos. La palabra del día es la demagogia con aquello de “has lo que yo digo y no lo que yo hago”.
La integridad es el modelo a lograr que deben perseguir aquellos que deciden hacer público su estilo de vida. Ser íntegro es sentir y decir lo que piensas, y actuar en correspondencia.
Le decía a mi amigo que los modelos a imitar en estos últimos años buscan mistificar sus actitudes como extraordinarias, resultando en un aprendizaje caótico y generalmente equivocado.
Dr. Carlos Manuel Fernández.
Psiquiatra.
Profesor de Psicología de la UCA.
Atención a adolescentes y adultos.
Clínica: Altamira D’ Este, de La Vicky, 2 cuadras al lago, ½ arriba.
Teléfono 2770209. Celular 8827475