Salud y Sexualidad

“¿Lo hacemos?”

Numerosos mitos sobre sexo, y no siempre reales, se han incubado en nuestra sociedad a lo largo del tiempo

EFE Reportajes
Paula y José acaban de conocerse en una discoteca. Una mirada, unas caricias y todo fluye. Al cabo de unas horas el torbellino se desata en el apartamento de él. Llegado el momento, un arrebato del instante, impulsado por unas desafortunadas dosis de alcohol y temeridad juvenil, provoca el ya conocido comentario: “hagámoslo sin condón, que yo controlo”.
Numerosos mitos sobre sexo, y no siempre reales, se han incubado en nuestra sociedad a lo largo del tiempo. Amparadas en su consideración de tema tabú, decenas de consignas sobre formas de masturbación, métodos anticonceptivos y vivencias ajenas viven de boca a boca en conversaciones de adolescentes y adultos. Por su parte científicos pretenden aclarar ideas, confirmar teorías y desmentir hasta la saciedad tendencias sociales que puedan conllevar riesgo entre sus seguidores.
Anticonceptivos peligrosos
Sin duda, las bulas más extendidas entre los corrillos juveniles tratan sobre la contracepción. El “coitus interruptus” (retirar el miembro de la vagina un instante antes del coito con un riesgo de embarazo del 55 por ciento), basarse en el calendario menstrual para realizar el acto sexual sin protección o presionar la base del pene durante la penetración son algunos de los métodos considerados verídicos en la mayoría de casos.
En otros tantos, creer en supuestos efectos cancerígenos de las píldoras anticonceptivas, no considerar como “sexo de verdad” el uso del preservativo o incluso hacer el amor de pie dibujan un pintoresco panorama consecuencia directa del cual cada año se realizan miles de abortos en el mundo.
Los médicos matizan las teorías. Aunque hasta la eyaculación el hombre no libera el principal flujo de semen, se sabe que el líquido preseminal, responsable de la lubricación del sexo y presente antes, contiene suficiente cantidad de esperma como para fecundar un óvulo.
Por otra parte, aunque tras la ovulación se considera un período de menor infertilidad, el tiempo de vida de un espermatozoide, de entre cuatro y siete días, da poco lugar a la tranquilidad. Y a todo esto cabe añadir el riesgo a contraer alguna Enfermedad de Transmisión Sexual (ETS).
Masturbación contraindicada
Paula cree que estimularse la vagina es cosa de “desviadas” y José sufre cada vez que le sale un grano. Al llegar a la adolescencia un universo de alertas sobre el peligro de la masturbación nos invade de manera repentina.
En los chicos se habla sobre el peligro de quedarse ciegos, sobre su relación con el acné, sobre la futura imposibilidad de tener hijos e incluso sobre el aumento del tamaño del pene a base de su práctica. En el sexo femenino el temor infundado a “disfrutar demasiado” provoca que ellas no suelan reconocer de forma tácita, ni siquiera entre sus círculos más íntimos, que se masturben.
La realidad, según los sexólogos, es que no son pocas las personas que se masturban en alguna ocasión. Incluso la creencia de que esta sólo se practica en la adolescencia y en la tercera edad es refutada continuamente en estudios sobre comportamiento sexual. La normalidad del hecho es tal que, recientemente, la Generalitat de Catalunya ha editado unos controvertidos folletos sobre afectividad y sexualidad destinados a escuelas e institutos. En ellos se habla de la masturbación como una forma libre e indolora de explorar el propio cuerpo y proporcionarse placer.
Solemos identificar el sexo con el acto sexual en sí. Por error, olvidamos las múltiples posibilidades que se derivan del erotismo de la estimulación física de la pareja. Las miradas, caricias, besos y hasta una cena acompañada de afrodisíacos, todo ello en un ambiente relajado e íntimo, pueden ser la clave de la siempre perseguida satisfacción sexual.
Preferencias sexuales
José no tiene pareja estable, al igual que Paula. “Una noche es una noche”, piensan ambos. En nuestra sociedad existe, por razones culturales, una lucha constante entre los partidarios del binomio sexo-amor y sus detractores. En realidad todos perseguimos el mismo objetivo, esto es, el placer y la satisfacción sexual.
Sin embargo, nos diferenciamos en la forma y en el contexto. Un 47 por ciento de los hombres, según los datos de un estudio de Dúrex, consideran su sexo más gratificante cuando no existe vida en pareja. El resultado es sensiblemente inferior en mujeres, con un 45 por ciento de preferencia por la no cohabitación.
Los peligros del acto sexual sin protección, la crueldad de la violación y la lacra que supone la epidemia del VIH tiñen de negro un panorama que sólo debería ser sinónimo de placer y respeto.
El mito se convierte en tragedia ante las noticias que recientemente llegan desde algunos lugares de África. La tradición cultural afirma que la curación del sida se consigue mediante el acto sexual con jóvenes vírgenes. Esta creencia está destrozando la vida de centenares de niñas y adolescentes en ese continente. Mientras, la enfermedad prosigue con su matanza a escala global, seguida de cerca por científicos y políticos obcecados tanto en hallar su curación como en hacer negocio con los medicamentos que mejoran la vida de los pacientes.
Paula y José despertarán juntos. Un atisbo de lucidez matutina les recordará lo ocurrido. Quizás se apresuren en búsqueda de la “píldora del día después”, en un acto de contrición tras el error cometido. En el mejor de los casos unas semanas de dudas y tensión concluirán con una menstruación irónicamente bienvenida que a la postre servirá de lección para ambos. En el peor de los casos, habrá que tomar decisiones difíciles que probablemente les marquen de por vida.