Salud y Sexualidad

El origen de la violencia

Existen diversas teorías sobre el ambiente, la genética y herencia como componentes claves que originan la violencia

En estos tiempos, a pesar de estar a las puertas de la Navidad, han incrementado las tensiones por la carestía de la vida, haciendo que las personas se comporten de una manera agresiva. Sin embargo, hay quienes no necesitan de situaciones como éstas para ser violentos.
En el Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina en la Universidad de Chicago, desde la década de 1980 se trata de responder a la incógnita de si uno nace o se hace violento.
En ensayos clínicos se administró a un grupo de personas violentas el medicamento llamado fluoxetina (comercializado como Prozac, un fármaco para tratar la depresión). El resultado fue que podía calmar a los individuos menos agresivos al incrementar los niveles de serotonina, un neurotransmisor cerebral (regula la transmisión entre neuronas). Sin embargo, hasta ahora, la fluoxetina no puede aplacar el comportamiento de las personas más violentas.
Ahora se ha comenzado a analizar los datos recopilados durante cinco años para un ambicioso estudio sobre la heredabilidad de la violencia y los efectos de la serotonina en pacientes gemelos.
Se seleccionaron 200 parejas de gemelos, de entre la población normal de Pensilvania, en Estados Unidos. De éstos, para alrededor del 30 o el 40 por ciento de las personas que participaron en el estudio la violencia tiene un componente genético clave. Sin embargo, especialistas como Albert Bandura señalan que: “El ambiente determina a la persona y la persona determina el ambiente”.
Se aprende a ser violento, sin embargo, varios estudios plantean que puede ser genética la predisposión a ser violentos. Estudios recientes exponen resultados muy sugestivos y novedosos. En situaciones de stress o crisis, la teoría hasta ahora más aceptada, argumenta que se produce una activación del sistema linfático, lo que nos prepara para la lucha y la huida, lo que podría catalogarse como una respuesta egoísta.
La administración de fluoxetina a personas muy violentas produce efectos muy variables, pues el 30 por ciento de individuos muy agresivos dejaban de serlo; el 45 por ciento mejoraba su comportamiento, y en el resto mejoraban los síntomas pero seguían siendo personas que teníamos que considerar agresivas.
Se piensa que estos individuos tienen problemas fundamentales en el sistema neurotransmisor de serotonina del cerebro. Este sistema puede estar tan dañado que los medicamentos no pueden actuar. El gen que codifica el transportador de serotonina tiene diversas versiones; según como sea este transportador puede producir depresión o violencia. Los que padecen depresión tienen bajos los niveles de serotonina y de norepinefrina, otro neurotransmisor.
En cambio, los pacientes agresivos tienen bajo el nivel de serotonina, pero tienen un nivel normal o alto de norepinefrina. Comparado con un vehículo, la serotonina sería el freno y la norepinefrina el acelerador: en un paciente depresivo no funciona ni el freno ni el acelerador, el coche no se mueve, está apagado. En una persona agresiva, el freno no funciona pero el acelerador funciona bien o va muy rápido.
La psicoterapia de la ira, los antidepresivos y otros fármacos que estabilizan el humor permitirían aumentar el umbral de la reacción y de la respuesta de violencia, lo cual es una buena noticia en una sociedad llena de carencias donde si algo sobra es la violencia.
Dr. Carlos Manuel Fernández Tenrreiro.
Prof. Psicología UCA.
Especialista en Psiquiatría.
Atención adolescente y adultos
Clínica: Altamira D`Este 2 cuadras al lago y ½ arriba Managua.
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