Salud y Sexualidad

Una jornada difícil

Las piernas le tiemblan, quiere entregarse a ese hombre completamente, como nunca antes, soñar con él, despertar a su lado, impregnarse de su olor en todo el cuerpo

Jove

Margarita odia el día de los trabajadores, no por los trabajadores en sí, que después de todo no tienen la culpa de su condición de siervo asalariado. Odia el día, porque ese día la gente procura hacer las cosas comunes en su vida cotidiana; quedarse en cama hasta la hora alta del sol, despertarse, pretender que no hay agua, ir por alcohol y beber como un irlandés, siempre y cuando esto signifique la ingesta de alcohol hasta desfallecer o contemplar el paraíso de cabeza.
Es en este día, y otros similares, que se siente tan poco anormal, la brisa le recuerda que hay otros con los cuales puede compartir retazos de sueños. Quiere la soledad para ella sola, no busca una mirada comprensiva al otro lado de la mesa mientras prueba el té, se siente a gusto con su soledad, no busca compañías. Quizás un diálogo ocasional, algo de sexo fogoso y luego cerrar la puerta sin nunca entregar el corazón.
El teléfono la interrumpe en sus divagaciones, lo atiende en un acto reflejo del que luego se arrepentirá.
“Margarita” -- la saluda insinuante una voz masculina al otro lado del
teléfono. ¿Qué quiere hacer la niña malvada? Esa ‘pera madura’ conoce las debilidades humanas. Pregunta como quien sabe la respuesta.
Sabe que esa noche la pasión del Bobby no la dejará dormir, sabe que en la mañana, el calor de su cuerpo en un hueco vacío desde el amanecer la hará desear estar muerta o que al menos sufrirá esa otra forma de muerte más dulce: soñar que es correspondida.
“Voy al salón para hacerme un ‘bikini wax’” -- le dice tratando de sonar exactamente lo contrario a una chica rebelde sin causa con ropa de manta, mujer por la cual el Bobby daría su vida, de ser necesario para llevarla a la cama.
“Te lo hago con los labios” --le responde Bobby indiferente a su intento de fuga fresa.
Las piernas le tiemblan, quiere entregarse a ese hombre, completamente, como nunca antes, soñar con él, despertar a su lado, impregnarse de su olor en todo el cuerpo.
“Llego en 10 minutos” -- le avisa el Bobby sin preguntarle si puede recibirlo.
¿Y si estoy acompañada?
“Hacemos una fiesta” -- se ríe el Bobby y cuelga.
Son 10 largos minutos de espera, no quiere entregarle su corazón en una bandeja. "Es curioso" piensa Margarita "puedo entregar todo de mí, menos el corazón". Ella conoce el origen de esa diferencia en la entrega, el Bobby puede quitarle la única felicidad de su vida; la independencia, lo presiente, lo ve, lo siente y sueña con tenerle un hijo.
Toca el timbre del condominio, alguien abre antes que ella pueda atender la llamada, el Bobby sube hasta su piso y sin mediar saludos la lanza contra la pared y hacen el amor como animales, sin preguntas, ni promesas… nada más que la ley de la carne.
Margarita despierta la mañana siguiente complacida, de Bobby ha quedado el olor llenándole todo el cuerpo. Por un momento valora su soledad. ¿Pastillas del día siguiente?- piensa Margarita.
"Creo que voy a jugarmela" - se dice con una sonrisa ante la posibilidad de perder su libertad y llenar su vida con algo muy cercano al amor.