Salud y Sexualidad

El lenguaje del tacto

El miedo a que se malinterprete el gesto táctil nos conduce a no usarlo y así, poco a poco, vamos descartándolo de nuestro repertorio de conductas

Cuando somos bebés no manejamos las palabras, siendo el contacto físico la mejor manera de comunicarnos, pero al crecer aprendemos y usamos el lenguaje verbal, que acabará predominando
Por otra parte, lo cierto es que el "tocarse" está sujeto a tabúes, prejuicios y normas que entorpecen que la caricia sea un hábito más en nuestro modo de expresión cotidiano. Hemos interiorizado que tocarnos el uno al otro forma parte de la comunicación erótica y que cualquier uso distinto del sexual o extremadamente afectivo podría ser mal entendido.
La única excepción "consentida" es acariciar a niños con los que mantenemos relación de parentesco o gran afecto y a los adultos con los que tenemos una relación personal muy cercana o íntima. Y no son pocos los padres y madres que cuidan mucho cuánto y dónde tocan a sus hijos, ante el temor de que sus tocamientos y caricias puedan constituir abuso o algo similar.

Caricias malinterpretadas
Además, niños y adolescentes se muestran ariscos o poco receptivos a las caricias de sus padres y parientes, por entender que "eso es cosa de niños pequeños" y ellos se sienten ya mayores. Asimismo, el miedo a que se malinterprete el gesto táctil nos conduce a no usarlo y así, poco a poco, vamos descartándolo de nuestro repertorio de conductas.
Por otro lado, funcionan las normas sociales que marcan tanto el espacio de proximidad que han de mantener las personas como los "tocamientos" considerados correctos. Todo dependerá de la zona y modo en que se toca y del parentesco o confianza de las personas a las que se toca. Así, en lo que respecta al contacto táctil, nos movemos no desde esa necesidad comunicativa sino desde pautas impuestas que asumimos como otras tantas convenciones sociales.

Sin palabras
Pero las palabras no deberían sustituir al lenguaje no-verbal, porque éste aporta prestaciones que no están al alcance de las palabras. Pensemos en ese gesto que nos informa mejor del estado de ánimo de nuestro interlocutor que cualquier discurso oral.
Dentro de los diversos tipos de comunicación no verbal, y a pesar de su potencial, la comunicación táctil es una de las que menos se prodiga. Tocar y que nos toquen, además de un estímulo placentero, es una necesidad. Nos vamos construyendo como personas en la interacción humana, forjando nuestra autoestima y sociabilidad. Y el vehículo que utilizamos para ello es la comunicación, tanto verbal como no verbal.
Las miradas, la expresión facial, la sonrisa, los gestos, el volumen, entonación e inflexión de la voz, su velocidad y claridad conforman todo un lenguaje que no sólo complementa y enriquece el mensaje oral sino que constituye todo un abanico de elementos autónomos y con significación.
Éstos han comprobado que quienes durante su infancia no recibieron caricias de sus padres son más proclives a mostrar dificultades para dar o recibir afecto, a mantener una postura corporal rígida y a las limitaciones para expresar su emotividad.

Asimismo, manifiestan una tendencia a evitar el contacto físico con los demás, a verlo como algo inapropiado o "sucio". Son vistas como personas distantes, "frías". Al parecer, estas personas evidencian también una dificultad mayor de la habitual para sentirse queridas y aceptadas por los demás. Esta incapacidad puede conllevar problemas en el manejo de sus habilidades de comunicación y en la gestión de la agresividad que todos llevamos dentro.

Tomado de www.revista.consumer.es