Salud y Sexualidad

La desesperanza

Existe un fuerte vínculo ambiental entre la relación de la morbilidad y la mortalidad psiquiátricas (suicidio) con las carencias socioeconómicas

El suicidio se encuentra entre las primeras diez causas de muerte en el mundo, según las estadísticas de la OPS/OMS.
En Nicaragua, su tasa se incrementa de forma sostenida en los últimos 17 años y no existe clase social ni familia que esté exenta de sufrir una dolorosa pérdida por causas de este tipo.
Una palabra que resume el proceso que finalmente lleva a muchas personas a quitarse la vida es “desesperanza”. Hay que recordar que mientras queda alguna esperanza, seguirá existiendo una razón para vivir.
Esto explica probablemente por qué el riesgo de suicidio es superior al promedio en algunas personas con enfermedades físicas crónicas, sobretodo epilepsia, cáncer, enfermedades del SNC y trastornos que se acompañan de dolores crónicos.

Incidencia en varones mayores
La desesperanza también puede ayudar a explicar la creciente incidencia de suicidio entre los varones mayores, en particular, entre los que se encuentran sin trabajo.
En Edimburgo Escocia, entre 1968 y 1982, se encontró una correlación muy significativa entre el desempleo y la incidencia anual de intentos suicidas entre los varones. Durante este periodo, las personas desempleadas tuvieron una probabilidad diez veces mayor de suicidarse que las personas que tenían empleo.
Un estudio señala la fuerte relación ambiental entre el suicidio y el intento suicida, así como la relación de la morbilidad y la mortalidad psiquiátricas con las carencias socioeconómicas.
Es más difícil determinar en qué grado se debe esta desesperanza a la pobreza en sí, o bien a la pérdida de dignidad de significado que brinda el trabajo.
¿Por qué en circunstancias similares unas personas siguen luchando, mientras que otras renuncian?

El dolor psicológico
Después de 40 años de experiencia, el psiquiatra Edwin Schneidman concluyó que “el suicidio se debe al dolor psicológico” (el sufrimiento, la angustia y el dolor mental) y depende del umbral de resistencia de cada individuo a éste.
Él considera que el bloqueo o la frustración de las necesidades psicológicas que alguien considera esenciales para seguir viviendo constituyen la base del proceso que inclina la balanza. En resumen, si no duele, no importa. Sin dolor psicológico, no hay suicidio.

Dr. Carlos Manuel Fernández.
Prof. Psicología UCA.
Especialista en Psiquiatría.
Atención a adultos y a adolescentes.
Clínica: Altamira D’Este, de La Vicky, dos cuadras al lago, ½ arriba, casa 109. Teléfonos: 2-770209. Celular: 88-27475