Salud y Sexualidad

Cuando calienta el sol

La exposición a los rayos solares puede ser benéfica cuando la hacemos con medida y precaución, pero también extremadamente dañina si nos exponemos mucho a sus radiaciones

Nuestro padre Sol es una estrella más de las que se encuentra en medio de la Vía Láctea y es la principal fuente de energía en nuestro sistema manifestándose en forma de luz y calor. Se formó hace 4 mil 500 millones de años y tiene combustible para cinco mil millones de años más.
Para los antiguos, el Sol significó toda la fuente de información para el día, la noche, las estaciones, la agricultura y hasta los augurios. Y para muchos de nosotros estos días de sol ardiente significan Semana Santa, vacación o verano. Sin embargo, es bueno conocer algunos cuidados que debemos tener para gozar del sol, tanto en tiempos ordinarios como en los próximos días y meses.
Fuente de belleza y salud
La exposición moderada del cuerpo humano al sol produce, psicológica y fisiológicamente, una sensación de salud, sosiego natural y bie-nestar, además de una acción estimulante.
Favorece la formación de vitamina D, que posibilita la absorción del calcio, con lo que se logra una normal formación de los huesos, uñas y cabello. Refuerza el sistema inmunológico y estimula la circulación de la sangre. Contribuye a la regulación de estados depresivos, ayuda a conciliar el sueño y disminuye el cansancio.
Da mejorías a personas que sufren de reumatismo y favorece el aumento en la producción de hormonas sexuales. También ayuda a las personas que padecen de enfermedades cutáneas como la psoriasis y el vitiligo. Tomando el sol moderadamente, con la protección adecuada al tipo de piel y teniendo siempre muy en cuenta la intensidad lumínica que se recibe, las radiaciones son provechosas.
Por el contrario, en condiciones más o menos extremas y sin las medidas protectoras necesarias será el origen de toda una serie de trastornos y dolencias que pueden llegar a convertirse en lesiones graves o a crear las condiciones para el surgimiento de cáncer.
Cuidado con el calor
El exceso de calor puede afectar al sistema de regulación de la temperatura del cuerpo causando agotamiento, que se caracteriza por debilidad, mareos, náuseas y calambres. Por otro lado, el golpe de calor o insolación, el cual puede ser grave y se manifiesta con una temperatura corporal muy elevada, piel roja y caliente, dolor de cabeza intenso e incluso pérdida de consciencia. Ordinariamente necesita atención médica.
Para el exceso de calor es bueno beber líquidos en abundancia, aunque no se tenga sed, evitar las bebidas alcohólicas, con cafeína o muy azucaradas. Comer más ensaladas y frutas, evitar las comidas muy calientes o copiosas. En casa, permanecer en las habitaciones más frescas. Reducir la actividad física y descansar en la sombra. Ducharse una o dos veces al día, o bien humedecer la piel con toallas. Utilizar ropa de colores claros, ligera y amplia. Estas recomendaciones son más urgentes para los que padecen de presión arterial alta, diabetes y obesidad.
Es por eso que hay que protegerse del sol fuerte con productos adecuados, anteojos y sobre todo cuidar a los niños y adolescentes. No hay que exponerse al sol innecesariamente. Hay que cuidarse de los rayos ultravioletas que dañan más en lugares altos; se filtran en el agua y los bronceadores no los cubren totalmente. Los rayos infrarrojos son los que dan calor y aunque no lo sienta, penetran la piel. Observe estas recomendaciones y tendrá usted y su familia más salud, alegría y diversión.
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