Salud y Sexualidad

Déficit Atencional con Hiperactividad

En lugar de conversar por teléfono, ver la telenovela o leer el periódico, deténgase a observar con más interés cuando su hijo se relaciona con otras personas. Podría sorprenderse

“¡Sentate para comer! ¡Hacé silencio! ¡No corrás!”. Esas expresiones sumadas a otras como “no pone atención, siempre está con la cabeza en otro lado” suceden todos los días y alarman a cualquiera. La inquietud y necedad, por lo general, contribuyen al fracaso educativo y formativo de los niños en edades de cinco a diez años.
El Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactiidad (TDAH) es una serie de comportamientos patológicos que afectan en la infancia y en la adultez, los cuales incluso en ciertas ocasiones pasarían inadvertidos por lo común que suelen parecer. Algunos médicos estudian por separado las dos patologías, el déficit intencional y la hiperactividad, por las características y causas distintivas de ambas. Esto pude ser hereditario o tener otros orígenes.
Según los conceptos actuales, más de un 60 % de los niños afectados manifestarán el síndrome en su vida adulta. La hiperactividad se manifiesta menos en adultos, sobre todo si gracias a una buena socialización han aprendido a desarrollar una conducta normal.

La hiperactividad
La psicóloga especialista en el tema, Giovanna Daly, expresa que con o sin hiperactividad “en ambos casos las emociones son iguales y también se simplifican las vivencias con emociones negativas.
En el caso de los niños con hiperactidad se encuentra un comportamiento altamente problemático de expresión de afecto. En ambas topologías los niños tendrán problemas en sus relaciones interpersonales, en forma estable, duradera, armoniosa con su entorno.
Daly incidicó que en caso de presentar agresividad habrán comportamientos que pueden evidenciarse por las relaciones inmaduras, tales como la necesidad de ser el centro de atención, tendencia al liderazgo, sentimiento de comodidad al jugar con niños de menor edad que ellos, poca capacidad para resolver los problemas interpersonales, baja tolerancia a las frustraciones, sufrimiento si pierden en un juego, desobediencia, rebeldía ante normas y reglas, reacciones emocionales intensas y exageradas acompañadas de berrinche, rabia y furia.
Cuando ellos no están bajo la hiperactividad, afloran características de hipersensibilidad, notándose en una baja tolerancia, actitud letárgica o hiporeactividad, continua ensoñación, baja actividad, pobres habilidades de liderazgo y dificultad para estudiar solos”, expresó la psicóloga.

Rebeldes y temerarios
Algunos médicos afirman que el dulce provoca cierto grado de hiperactividad en los niños, lo cual es relativo, ya que en la mayoría de casos no es necesario que coman algún caramelo para poner “la casa al revés”, adolecer uno que otro galillo o causar jaqueca.
Basta distraernos un poco o imponer un mandato para que la rebeldía y la desobediencia reinen. Eso se debe al desarrollo de una conducta restrictiva de los padres y aumenta, según la especialista, ante las desobediencias argumentativas, es decir, que “expresan el porqué de lo que hacen”.
Según la psicóloga, el comportamiento temerario es uno de los rasgos distintivos, en los que se mezclan impulsividad e hiperactividad en grados diversos. “Ellos se sienten cómodos en situaciones en las que el organismo reaccionaría en estado de alerta”.

¿Qué hacer?
La especialista aclara que padecer del TDAH no significa un déficit intelectual. Un niño o niña con déficit atencional e hiperactividad tiene un coeficiente intelectual adecuado, como cualquier niño “normal”, el problema de fondo es el déficit en el esfuerzo y en la motivación personal, de hecho en el tratamiento se incluye como terapia la motivación y estimulación.
Ante la hiperactividad los padres disminuyen las horas de televisión, prohíben videojuegos, los dulces y ciertos medicamentos, sin embargo, ni lo anterior ni la mala educación forman parte de los causantes del TDAH.
Muchas veces los padres reaccionan de una forma inapropiada porque propinan castigos fuertes y más bien se puede convertir en un círculo vicioso porque no hay compresión de los padres por la dificultad que pasan los niños y en vez de darle salida lo convierten en un problema mayor.
Primero se debe observar detenidamente el comportamiento y las manifestaciones del niño. Asegurarse que tienen las patologías citadas y nunca castigar. Desde el hogar se puede hacer poco, lo indicado siempre es acudir a un especialista para determinar un diagnóstico final, porque los síntomas pueden ser pasajeros.

Psicóloga Giovanna Daly
Consultorio psicológico Giovanna Daly
Kilómetro 11 ½ Carretera Sur. Tel. 2657188.