Salud y Sexualidad

Una familia saludable

Un buen equilibrio de autonomía e intimidad es una característica esencial de toda familia sana

Para que el núcleo familiar funcione bien, el respeto de cada miembro porque conserve un sentido de su propia individualidad y singularidad, es imprescindible.

También esto da sentido para reconocerse como parte de un grupo de individuos íntimamente vinculados, lo que crea un sentido del “nosotros”.

Familias armoniosas y las desvinculadas
Los hijos que crecen en este tipo de familia desarrollan una clara idea de quiénes son; se les anima a ser independientes pero respetuosos ante las necesidades de los demás, y por ende confían en sus propias capacidades.
Como no pierden la seguridad de pertenecer a un grupo estable y cariñoso les resulta más fácil aprender a contribuir feliz y voluntariamente a las actividades del grupo y a turnarse en compartir responsabilidades.
En las familias desvinculadas, se propicia la independencia y la separación. Aunque se satisfacen las necesidades primarias como vestimenta, comida, casa y estudios, también se descuidan las necesidades emocionales, existiendo poco sentido de la alegría familiar compartida porque sus miembros están aislados en zonas psicológicas amuralladas.
Una familia bien equilibrada es capaz de desarrollar estrategias para regulara la distancia psicológica adecuada, de modo que no se produzca ni abandono ni ahogo, y que los hijos no tengan que recurrir a un comportamiento desesperado o extremo para llamar la atención o establecer sus propios límites.

Amor y seguridad
Una de las principales características de las familias armoniosas es que sus miembros poseen un sentido bien definido de sus papeles y posiciones apropiadas. Los padres “conocen su lugar”, es decir, las expectativas y responsabilidades de su posición.
Por ejemplo, un padre no tratará de ser solamente el mejor amigo de su hijo de seis años, sino que también reconoce y acepta que su hijo necesita saber que está a salvo de todo daño, y que el papel principal de un padre es ofrecer estabilidad y protección.
Además, en aquellos matrimonios en que los padres han definido los límites de su propia relación, ninguno de ellos recurrirá a un hijo como confidente sustituto o aliado contra el otro.
Como se apoyan mutuamente, los miembros de la pareja pueden dar algo a sus hijos, los cuales disponen a su vez de una base segura a partir de la cual crecer.

Sintonizando las señales
Resulta difícil controlar la distancia apropiada que necesita un miembro de la familia en un momento dado. Para empezar, es complicado interpretar las señales. Los adolescentes por ejemplo, emiten señales conflictivas acerca de la independencia para la que están preparados.

Las familias sanas son flexibles y capaces de sintonizar con las comunicaciones más sutiles. Se mantienen sensibles a las fluctuaciones y necesidades de los miembros individuales que cambian con el tiempo, y es donde impera el respeto, la atención a las diferencias y sobre todo una excelente comunicación, todo basado sobre el amor, que es el sustentador por excelencia.

Licenciada Ledia Gutiérrez Lanzas
Psicóloga
Consultorio Psicológico “Mente Sana”
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