Salud y Sexualidad

La voz

Él la besa con familiaridad y cinco minutos después están en la parte de atrás del vehículo, con la desesperación típica de los adolescentes, apuro que ella ya había olvidado

Jove

Margarita quiere tirar todos sus años al olvido: "Si pudiese vivir mi vida nuevamente no cambiaría nada, pero apuntaría los nombres de todos aquellos que se crucen en mi camino para evitar esas segundas partes, cuyo mérito es probar la imposibilidad de mejorar en una segunda vez la primera vez", expresa.
Julia no entiende la molestia de Margarita. Total… en su visión rosa del mundo "donde hubo amor, cenizas quedan", nunca está de más revivir una antigua pasión, en particular cuando ésta --mejorada por el tiempo-- fue tan especial.
“Ahhhh... tu primera vez”. Recuerda Julia la importancia de ese primer encuentro con la carne, esos sorprendentes temblores en el cuerpo, la transmutación de niña a mujer, aunque dicho pensamiento le aleja de sus principios feministas y la acerquen a las ideas de la abuela Pina, tan convencida de que el miembro del hombre es como el hierro encendido que marca a cualquier mujer para siempre y, por eso, a pesar de que nunca esté en casa, ni tenga que apañarse con los hijos, cada cierto tiempo él tocará la puerta para reclamar lo que es suyo.
Así pensaba la abuela y Julia quería pensar así, pero francamente ahora enterró con el maldito cadáver ese pensamiento romántico.
“Lo que me enoja es que 15 años después volví a caer como una tonta, y con la misma piedra. Una piedra un poco… más bien bastante excedida de peso”, intenta explicar Margarita.
Y la historia es así. Margarita en su auto, dañado el CD, busca una emisora que le provea algún entretenimiento. Escucha una voz familiar. Llama, pide una canción para escuchar esa voz aterciopelada nuevamente.
Luego se suceden los días, la voz le ofrece conocerse, ser amigos, total, son de la misma generación. Margarita no le confiesa que tienen pasado, piensa que al verla él podrá recordar la parte de atrás de aquel vehículo en que ella entregó --como diría la abuela Pina de Julia-- su ‘tesorito’.
Se ven, él la besa con familiaridad y cinco minutos después están en la parte de atrás del vehículo, con la desesperación típica de los adolescentes, apuro que ella ya había olvidado. Luego él comenta: “Sos maravillosa, es la primera vez que hago esto”.
Margarita sabe que no es verdad, que en todo caso sería la segunda vez, pero él la ha olvidado definitivamente, no le dice su nombre, ni aquella tarde frente a la Laguna de Apoyo en que fue suya.
“Las segundas partes nunca fueron buenas, para mí no es la primera y te juro que ésta vez no fue buena”, le dice con ira reprimida para herir el amor propio de la voz aterciopelada. Ella sale del auto y decide ir a comprarse un par de zapatos para olvidar y esperar a Julia y llorar en el hombro de su amiga.