Salud y Sexualidad

La bioquímica del amor y el sexo

El amor y el sexo convulsionan todo el organismo mental y corporal, y un complejo laboratorio dirige la pasión y el desamor

EFE / Reportajes
La atracción entre dos personas radica en la bioquímica cerebral. Descargas hormonales y neuronales están tras los secretos del amor y la seducción.
Desde que Ovidio publicase su legendario ensayo “El arte de amar”, mucho se ha escrito, poetizado y filmado sobre los secretos del amor y la seducción. Las eternas preguntas, ¿por qué surge la atracción entre dos personas?, y además, ¿por qué nos fijamos en una persona concreta y no en otra?, ¿qué nos mueve para la pasión y por qué acaba un buen día?, han sido objeto de estudio y debate por parte de psicólogos y sexólogos.
Hoy día está totalmente demostrado, con base científica, que los orígenes del amor y la pasión radican en la bioquímica cerebral, en una especie de señales mentales que nos dirigen hacia la persona escogida.
Descargas eléctricas
La sexóloga norteamericana Shere Hite, conocida por sus numerosos libros al respecto, así como numerosos psiquiatras y neurólogos coinciden en que existen descargas eléctricas neuronales, hormonas y otras sustancias que provocan la atracción y explican las bases del enamoramiento.
En el sistema nervioso, el hipotálamo envía mensajes a otras glándulas del cuerpo y los llamados neurotransmisores coordinan entre sí las células nerviosas.
El estado pasional convulsiona todo el organismo y se produce una especie de “guía mental” del amor.
Ello se nota de inmediato, dado que la persona sumida en estado pasional y fuertemente atraída por otra, empieza a notar diferentes síntomas. El sistema nervioso se acelera, el corazón late más rápido, la circulación sanguínea fluye con más intensidad y, en general, el enamorado sufre un cuadro de agitación general.
Las complejas reacciones químicas del organismo nos sumen en una especie de “flirt”, que hace que nos sintamos ciegos hacia el resto del entorno que nos rodea. De aquí surge la expresión popular “estar loco de amor” y, de no controlarse, puede derivar en desenfreno o conductas obsesivas.
En este conglomerado químico se mueven el ardor, los celos, la pasión por besarse y hacer el amor, el orgullo, los miedos y frustraciones. El sistema nervioso autónomo pone en marcha todo un eje de estímulos que afectan a los músculos, las glándulas lacrimales, el lenguaje y los órganos genitales. La voluntad oscila entre estos efectos, que revolucionan la mente y el cuerpo. La voluntad se anula, y sólo se ve por los ojos y actos de la persona amada.
La pasión está en la corteza cerebral
Los expertos coinciden en que la pasión radica en la corteza cerebral, en concreto en las sustancias llamadas anfetaminas. Al inundarse el cerebro de ellas, se produce la secreción de dopamina, un neurotransmisor que refuerza la capacidad del deseo y el placer.
Otras similares son la oxiticina y la norepinefrina, auténticos estimulantes del impuso sexual. Estudios de prestigiosos sexólogos norteamericanos, donde existe una gran literatura sobre el tema, indican que el cerebro de una persona apasionada contiene cantidades de feniletilamina, una de las anfetaminas más potentes. Así se origina el “universo del placer” y caemos en un “nirvana” hacia la otra persona.
Naturalmente, con el paso del tiempo, esta pasión se desvanece. Según Shere Hie, el amor pasional suele durar unos tres años, pero al final la bioquímica cerebral decae y los sentimientos se van mitigando.
Es la fase del cariño más pausado, el afecto personal y la comprensión. O, por el contrario, el desamor total y la separación de la pareja. Pero lo cierto es que todo el entramado químico que originó el amor pierde fuerza, tarde o temprano. Ese “amor para toda la vida” suele quedar en una relación de complicidad, amistad o compañerismo.
Existe, por tanto, en el cerebro humano un gran laboratorio que potencia los sentimientos, estímulos, atracción y rechazo. Ello explica que, en ocasiones, las personas pasen del amor al odio, de la seducción a la frustración, sin ningún motivo aparente.
También de la fogosidad sexual a la insatisfacción, controlado por los niveles de testosterona y serotonina, otras sustancias que influyen en la conducta afectiva. En definitiva, las relaciones personales se mueven en este complejo laboratorio químico cerebral, que dirige los pasos de la pasión y el desamor. Aunque, como dice el refrán popular, “con el tiempo, todo llega y todo pasa.”