Salud y Sexualidad

Rinoplastia

Julia piensa en que después de hacer el amor, va a querer abrazarlo, dormir con él como si es una extensión de su piel y… si el hombre ronca, le va a quitar todo el romanticismo a la noche

Jove

Julia ha encontrado al hombre perfecto.
“La que persevera alcanza”, les dice a las chicas mientras narra que su flaco huele bien, tiene mucha energía, ciclismo de montaña, es intelectual y sensible.
“Tiene unas dimensiones en ‘la carne del amor’ que mejor ni les cuento para evitar ustedes se mueran por envidia”.
“¿Y lo sabe mover?”, pregunta Margarita, porque el movimiento en su opinión es también de importancia, además del ya demostrado placer morboso.
Julia guarda silencio. Casto silencio dirán quienes no la conocen y jurarían en consecuencia que se irá en cuerpo y alma al cielo, pero quienes la conocen saben muy bien que el quedarse callada, al menos para Julia es signo de otra cosa.
“No se ha costado con él --concluye Estelí--, le da miedo que el príncipe azul revele algún defecto de sapo verrugoso”.
“Hay que saber esperar”, justifica Julia con buenos modales.
Las chicas se empeñan en reírse de ella, con el propósito de descubrir la verdad, que se pasaron un par de horas recordando los temores más absurdos que han escuchado de la boca de Julia: que el hombre se levante todos los días con el pie izquierdo, que apriete el tubo de la pasta dental en medio, que sea incapaz de diferenciar el ritmo de bachata y la
salsa, que guste de García Lorca y no de la poesía de Antonio Gónzalez (considerando que el primero prefiere lo verde y los caballos, signo inequívoco de otros apetitos sexuales), que sea de ideas liberales pero de mano izquierda, que hable en el meadero con su miembro viril y le pregunte cómo está el clima.
Julia, para evitarse posteriores humillaciones y que las chicas decidan utilizar la gran arma: recordarle que ella en realidad no tiene buen ojo para los hombres y que de tanto buscar al perfecto termina enredada con enanos morales, entonces se ve obligada a revelar la ‘verdad’ parcialmente.
“Le conté un chiste, y cuando se reía hizo un sonido como un ronquido”, confiesa Julia.
¿Y?, pregunta confundida Estelí, ya que en su lista de razones por las cuales no iniciar con un hombre está que tenga senos copa "D" implantados, pero no por la risa como un ronquido.
“Está pensando en que después de hacer el amor, va a querer abrazarlo, dormir con él como si es una extensión de su piel y… si el hombre ronca, le va a quitar todo el romanticismo a la noche”, explica Margarita.
“Ahhh sí… no hay nada más mata pasiones que un hombre que ronca”, sostiene la hipótesis de Margarita, Julia.
“¿Y qué vas a hacer?”, quiero saber el siguiente paso Estelí.
“Ya se me ocurrirá algo”, dice en tono conspirativo Julia.
Y vaya que ya tenía Julia una solución, el hombre de sus sueños, el nuevo príncipe en blanca armadura, trabaja con ella, de ahí en más es un asunto de esperar la oportunidad perfecta, para deslizar en el café de la mitad de la mañana unas cuantas pastillas para dormir. Luego ella le dirá "luces cansado, descansa un rato en mi oficina", y así con esa treta infantil descubrir si el príncipe ronca o no, y al menos tiene la esperanza de que sus ronquidos sean tolerables.
Ah, pero Julia no es una mujer afortunada, no le preguntó al príncipe si era hipertenso y con las medicinas no se debe jugar, porque un ataque cardíaco al príncipe estuvo a punto de matarlo.