Salud y Sexualidad

Rumores que apagan amores

Existen una serie de mitos erróneos o mensajes distorsionados sobre el amor, que terminan desviándolo o asfixiándolo, si no son eliminados de raíz, como la maleza

EFE / Reportajes
“Sin ti no soy nada”... dice una canción del grupo español de pop Amaral, que se ha escuchado con fervor en buena parte del mundo hispanoamericano. Y aunque nadie puede discutir la calidad de la música, muchos psicólogos no están de acuerdo con la visión del amor que trasmite su letra: la de una perjudicial y anuladora dependencia afectiva de una persona hacia otra.
Algunas relaciones nos hacen sentir libres y a gusto, aportan goce y diversión, y ayudan a desarrollarnos como personas. Pero hay otras que son tóxicas, nos lastiman y quitan libertad, porque están envenenadas por los celos, la obsesión y el miedo al abandono.
Muchas relaciones caracterizadas por la dependencia emocional, en las que uno “entrega y se entrega“ mucho más que el otro, se basan en una serie de ideas respecto del amor distorsionadas, pero arraigadas, que conviene erradicar para poder ser feliz.
El primer paso para amar de forma sana consiste en descartar algunas creencias erróneas sobre el amor y las relaciones, que están en el origen de la mayoría de los problemas de pareja:

• De la fusión a la confusión.
Es un error pensar que el amor ideal consiste en fusionarse el uno con el otro y convertirse en un solo ser, en crearse un mundo aparte y dejar al resto del universo fuera. Para disfrutar de una relación sana hay que seguir siendo uno mismo y respetar el espacio del otro. El amor debe sumar, en lugar de anular.

• La media naranja.
Para ser feliz no hace falta que encuentre a su otra mitad, porque usted ya es una persona completa. Mientras se busca el alma gemela, la pareja ideal, se corre el riesgo de pasar de largo ante muchas personas adecuadas para usted. No existe una única persona que encaje a la perfección con uno, sino infinidad de posibles parejas con las cuales se puede ser muy feliz.

• Esa persona me pertenece.
Creer que alguien es de nuestra propiedad, ha de renunciar a su vida social y amistades, y debe contar todo lo que hace, piensa o siente, puede resultar asfixiante para el controlado y extenuante para el controlador. En el amor nadie es dueño de nadie, ni se puede obligar al otro que nos quiera. Es un sentimiento que sólo crece en libertad y cuando se lo quiere aprisionar se desvanece.

• Eres todo para mí.
Esperar que la pareja le dé sentido a nuestra vida, resuelva nuestros problemas o nos rescate de una situación de vacío, además de ser imposible, es una equivocación. Cada miembro de la pareja debe tener su propia vida, relaciones sociales y aficiones, para que aquella se renueve y refresque continuamente.

• El amor es una rosa con espinas.
Estar enamorado de una persona no significa que haya que estar dispuesto a soportarlo todo por ella, a hacer continuos sacrificios, o vivir martirizado para demostrarle que se quiere. Amar es aprender, crecer, divertirse y ser feliz. Si la relación produce malestar de forma sistemática, es preferible romperla.

• "Sin ti no soy nada".
Para crecer, una pareja ha de comunicarse y compartir, pero sólo podrá conseguirlo si cada uno de sus miembros es autónomo e independiente. Es vital cortar el cordón umbilical con la otra persona, para elegir amarla de forma libre y autónoma. La felicidad sólo puede ser compartida y ofrecida cuando cada una de las partes es feliz por sí misma.

• El síndrome de la bola de cristal.
Es un error pretender que la otra persona sea un adivino. Nadie puede saber con certeza qué piensa y qué siente su pareja, a menos que ésta se lo comunique expresamente. Intentar leer la mente del otro o que nos lean la nuestra sólo genera malentendidos e incomunicación.

• Decir a todo que sí.
Convertirse en un incondicional del otro, acceder a todos sus caprichos o estar de acuerdo en todo para evitar roces es un fallo muy habitual. Pero si se acostumbra mantener una actitud condescendiente generada por la obligación del vínculo, es muy fácil terminar en la indiferencia e incluso el aburrimiento. Al no exponer los errores, tampoco se aprende de ellos ni se corrigen.