Salud y Sexualidad

Segunda ronda

Regresa a Margarita el recuerdo: fiesta de ambidiestros, jugaron la botellita, el gordo, estaba realmente un poco más gordo, la botella señaló que ella debía besarlo. Lo besó y el resto...

Jove

Viernes, otro día de fiesta. Al menos lo es para Margarita, para Estelí y Julia, es el primer día de descanso, aunque de eso nada. Se convocan para un café, algo dulce y la conversación tan necesaria para ponerse al tanto de las esquinas a las que les ha llevado la vida.
“Es el cumpleaños del gordo”, dice Estelí feliz. El gordo es un antiguo amigo de secundaria de cumpleaños en esos días.
“No estoy para reuniones escolares”, comenta Julia algo amargada, quizás porque el gordo nunca la vio como mujer durante los cinco años que compartieron de formación básica, pero es el gordo, es su cumpleaños. Si.
¿Quién es el gordo?, tiene que preguntar Margarita, ya que tanta escuela privada le privó del contacto con el mundo de los chicos en la adolescencia.
“El gordo era el don Juan de la secundaria de nosotras”, explica Julia.
“Ah ya, y ahora está gordo”, complementa Margarita para convencerlas de que el destino de los hombres bellos es el más terrible deterioro.
“Siempre fue gordo, ésa era su gracia... es su gracia, bueno ahora ya no tanto porque la mujer no lo deja ni a sol ni a sombra”, explica.
Estelí, bien consciente del historial del gordo, aunque ella se graduó cuando el gordo inició su educación secundaria.
¡Vamos a su cumpleaños!, propone Julia emocionada.
No hay que discutir más, hay un cumpleaños, es un bar, la noche no trae nuevas propuestas.
En la mesa del gordo hay al menos 50 personas. Abundan las mujeres, por eso su esposa no se separa de él. Margarita descubre que el gordo tiene algo, pero no sabe qué. Lo observa detenidamente, pero no alcanza a descubrir qué tiene el gordo.
La ‘loca’ Alberto, llega a la fiesta. Saluda con familiaridad al gordo y luego pone al día a las chicas sobre su nuevo trabajo en el gobierno.
“Lo único es que ahora soy ‘hetero’, porque ustedes saben chicas, en el mundo profesional una no se puede dar el lujo de parecer lo que realmente es, hay que marcar una línea bien clara”, dijo.
“Alberto --le pregunta Margarita-- ¿ese gordo quién es?”.
Alberto mira a Margarita con cara sorprendida.
“Hellooooooooo... amiga, ¿no te olvidaste de la fiesta de la organización hace tres años en mi casa?”.
Y entoncés regresa a Margarita el recuerdo: fiesta de ambidiestros, jugaron la botellita, el gordo, estaba realmente un poco más gordo, la botella señaló que ella debía besarlo. Lo besó y el resto... aún recuerda que la entrepierna le dolió de placer durante cuatro días.
El gordo ha posado la mirada en ella, él recuerda perfectamente esa noche, Margarita la había olvidado porque sus gustos estéticos le impiden caer redonda por un gordo.
“Hay segundas partes que son buenas”, dice Margarita, preparándose para el ataque. Otra noche de pasión y luego conjurar el olvido.