Salud y Sexualidad

Fidelidad

En la actualidad, la posibilidad que tienen tanto él como ella de conocer a distintas personas y en distintos ámbitos hacen posible que la infidelidad sea más fácil e irresistible

Para el hombre, la fidelidad no siempre se ha considerado de la misma manera que para ella. Si él cometía deslices y olvidos transitorios de fidelidad, estos actos eran celebrados por los de su misma especie y género
Fidelidad o lealtad son dos palabras para expresar un mismo significado, pero ambas están profundamente arraigadas en el corazón humano y están dirigidas hacia otra persona, lo que hace de ellas sentimientos generosos. Pero, para que sean efectivos, tienen que ser sinceros, sino pueden generar obsesiones e incluso animadversión.
A pesar de que su definición, según la Real Academia de la Lengua, son muy similares y ambas palabras sirven para expresar recíprocamente sus significados, aunque se suele emplear más la palabra fidelidad al hablar de parejas y lealtad par señalar la amistad u otros ámbitos más abstractos, pero de carácter moral, como son el país o las mascotas que nos acompañan en casa.
La fidelidad en la pareja es un término que, en la actualidad, se encuentra algo denostado. La nueva situación laboral de la mujer ha revolucionado el mundo de la pareja tradicional y los términos en los que se mueve la actual relación entre dos personas poco tienen que ver con los de antaño.
La mujer como baluarte
Gracias a la mujer, la fidelidad hace varias décadas era más fácil de mantener y era un término que se prodigaba como una de las actitudes imprescindibles para el establecimiento de un matrimonio. En la mayor parte de los casos era la mujer la que la conservaba.
Para el hombre, la fidelidad no siempre se ha considerado de la misma manera. Si él cometía deslices y olvidos transitorios de fidelidad, estos actos eran celebrados por los de su misma especie y género. Incluso, podía llegar a suscitar envidias y, lo que era más grave, atracción entre las mujeres, que los veían como verdaderos machos con grandes capacidades para el sexo.
Otro panorama se presentaba para la mujer que era infiel en su matrimonio y se veía relegada y despreciada por toda la sociedad que la rodeaba. El estigma pendía sobre su cabeza y era un castigo del que era muy difícil ser redimida. Mientras que el marido podía salir y entrar de la casa, y mantener relaciones con amistades, ella estaba encerrada entre cuatro paredes y circunscribía su vida a las tareas de los hijos y del hogar.
Si antes era difícil permitirse la infidelidad más allá de lo cotidiano, en la actualidad, la posibilidad que tienen tanto él como ella de conocer a distintas personas y en distintos ámbitos hacen posible que la infidelidad sea más fácil e irresistible.
La fidelidad deseada
No por ello han dejado de existir personas para las que la fidelidad sigue siendo un precepto en la pareja. Pero la fidelidad también puede llevar a una persona a generar sentimientos desfavorables como los celos o la obsesión por el sexo. Por ello, si la fidelidad no es realmente sincera y deseada, es mejor olvidarse de ejercitarla porque puede enloquecer a cualquiera con el pensamiento constante de no poder mirar a otra persona, de cuidar los gestos para que no se tergiversen los deseos. Lo único que se consigue es reprimir nuestros verdaderos instintos.
Pero, si la fidelidad es compartida y deseada, es que realmente se ha encontrado a la persona adecuada con la cual desarrollar nuestra personalidad y realizar proyectos mutuos.
La confianza absoluta en otra persona genera la posibilidad de expresar libremente nuestros sentimientos y nuestros pensamientos, por lo que, aprendiendo a ser sinceros, fomentaremos la capacidad para conocernos mejor y desarrollar de esa forma nuestra personalidad. Además, la fidelidad fomenta sentimientos de bondad, generosidad y desprendimiento.