Salud y Sexualidad

Publicidad de tabaco prohibida

Quedaron prohibidos los anuncios publicitarios de productos elaborados con tabaco, ya sea para venta, promoción, entrega u oferta en forma gratuita, y cualquier mensaje, contenido, finalidad o consigna

La publicidad de tabaco en los espacios públicos quedó prohibida a partir del martes en Buenos Aires, lo que completa la entrada en vigor de una ley que busca reducir el número de fumadores de Argentina.
La denominada “Ley Antitabaco” sostiene que quedan prohibidos “los anuncios publicitarios de productos elaborados con tabaco, ya sea para venta, promoción, entrega u oferta en forma gratuita, y cualquier mensaje, contenido, finalidad o consigna”.
La medida también alcanza a los locales comerciales que posean marquesinas sobre la vía pública con publicidad de tabaco.
La norma, que comenzó a aplicarse de forma progresiva en marzo pasado, también prohíbe fumar en organismos públicos y locales comerciales porteños, y contempla castigos para quienes vendan cigarrillos a menores de 18 años.
Para controlar el cumplimiento de la ley el martes se llevó a cabo un operativo de control de la vía pública, informaron fuentes oficiales.
En caso de no cumplir con lo dispuesto, la norma contempla la clausura del local.
Además, el Gobierno porteño incorporó dos líneas gratuitas para que la población denuncie violaciones de la norma y para difundir los efectos perjudiciales del tabaco.
El 33.5 por ciento de la población adulta de Argentina fuma, lo que equivale a ocho millones de personas, y se gastan más de 12 millones de pesos (3,900 millones de dólares) diarios en atención a personas con enfermedades relacionadas con el tabaco, según datos del Ministerio de Salud.
La “Ley Antitabaco” también está en vigor en las ciudades argentinas de Rosario y Córdoba.
Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que en la actualidad, más de 40,000 argentinos mueren anualmente por afecciones asociadas al consumo de tabaco, una adicción que empieza en el 45 por ciento de los casos entre los 12 y 13 años y es la segunda causa de fallecimiento en los adultos.