Salud y Sexualidad

El “tercer sexo” indio


El caso de Soundarajan Santhi, la atleta india que perdió su medalla en los recientes Juegos Asiáticos del año pasado por dudas sobre su feminidad, ha reavivado el debate sobre la violenta exclusión social que sufre en el país el llamado “tercer sexo”.
“Santhi tiene toda nuestra solidaridad, y esto debería servir para que la gente detenga la discriminación que sufre la gente con ‘sexo ambiguo’. Si las minorías sexuales quieren participar en una competición, ¿existe una categoría?”, se quejó Asha Barathi, presidente de la asociación de transexuales del estado sureño indio de Tamil Nadu.
Santhi, de 25 años, aún no ha alcanzado la pubertad pese a que su certificado de nacimiento reza que al nacer era “una niña”, de ahí que su caso haya atraído la atención de las organizaciones de un grupo estigmatizado en la India: los “hijra”.
Apenas un puñado son verdaderos hermafroditas entre los no más de cinco millones de “hijra” (literalmente, impotentes), en su mayoría varones de nacimiento que más tarde deciden operarse sus genitales y vestir “saris” y ropa de mujer.
Los miembros del “tercer sexo” indio tienen una vida paralela que se organiza por barrios, con un maestro encargado de cuatro o cinco “chelas” (aprendices) que van ascendiendo escalones de “feminidad” hasta llegar a la castración, dentro de un mundo marginal y cercano al hampa.
Casi todos ellos, transexuales, eunucos y hermafroditas, comparten la misma situación de prostitución y discriminación laboral y social, que lleva a los hospitales a “no atenderles cuando solicitan ayuda”, denuncia Manvendra Singh, de la ONG Lakshya Trust.
“No es sólo que estén criminalizados, es que siendo uno de los colectivos más vulnerables al Sida no tienen acceso a medicinas, y la gente, en lugar de prestarles ayuda, se ríe de ellos tanto como les teme”, dice a EFE Singh, que se ocupa de los “hijra” de la ciudad de Surat, en la región de Gujarat.
En Bombay, por ejemplo, la mitad de los “hijra” están infectados de Sida, sin que el Gobierno escuche sus “problemas”, denunció a EFE Lata Guru, presidenta de la principal asociación del grupo en la ciudad, la Dai Welfare.
En la India, la tradición de este colectivo se pierde en la historia, y de hecho su existencia está reconocida en una gramática en sánscrito de hace 2,200 años, el Mahabasya, donde se afirma que “los tres géneros gramaticales (del sánscrito) se basan en los tres sexos naturales”.
Hoy en día, sin embargo, entre el temor y el desprecio de la supersticiosa sociedad india, los “hijra” son objeto de rumores como el que les adscribe a extraños funerales nocturnos, en los que la comitiva golpea al muerto a zapatazos mientras le felicitan por haberse librado del “castigo” sufrido en esta vida.