Salud y Sexualidad

El cansancio y el cáncer


La fatiga en los enfermos de cáncer es un síntoma de importancia que impacta de forma considerable múltiples actividades como sus relaciones sociales, entretenimiento y autocuido. Ésta se conoce como astenia y cada vez más tiene mayor presencia, por lo que resulta necesario prestarle atención, en especial porque afecta el estado de ánimo, algo muy importante para superar la enfermedad con fuerza.
Se considera el síntoma que más afecta la salud del paciente, incluso por delante de otros como la depresión, el insomnio o el dolor, independientemente del sexo o tipo de tumor que se padece. Los niveles en que afecta dependen mucho del carácter del paciente, ya que éste podría estar decaído y tener problemas en sus actividades habituales debido al cansancio o bien, presentar una fatiga menor y continuar sus actividades con relativa normalidad. Sin embargo, ésta siempre está presente en quienes sufren de cáncer y es uno de los efectos secundarios más comunes, en especial luego de los tratamientos.
A menudo se le describe como “paralizante”. Usualmente aparece de forma repentina y no como resultado de una actividad o esfuerzo. Tampoco se alivia con el descanso o el sueño. También puede que no cese, incluso después de finalizar el tratamiento. Sus causas se relacionan con el proceso de la enfermedad y las alternativas para aliviarla como la cirugía, quimioterapia y radioterapia.

Otros factores que pueden contribuir con la presencia de esta fatiga son:
Anemia. Ésta puede aparecer debido al descenso del número de células sanguíneas que causan los tratamientos, lo cual afecta la capacidad de la sangre de transportar oxígeno (hemoglobina). Aproximadamente 7 de 10 pacientes experimentan anemia durante la quimioterapia.
Tratamiento combinado. Los pacientes que reciben más de un tratamiento de forma simultánea o uno después del otro, pueden sufrir una mayor fatiga.
Estado “hipermetabólico”. Lo causa el tumor. Esto ocurre debido a que las células tumorales compiten por los nutrientes, a menudo a expensas del crecimiento y el metabolismo de las células normales. En esta situación, la pérdida de peso y del apetito, son consecuencias frecuentes.
Mala nutrición. Los múltiples efectos secundarios de los tratamientos, como náuseas, vómitos, llagas en la boca, alteraciones en el sentido del gusto, acidez estomacal y diarrea, provoca que las personas rechacen los alimentos o sólo consuman los que no les provocan molestias, esto abona a una deficiencia alimentaria.
Hipotiroidismo. Si la glándula tiroidea tiene menor actividad el metabolismo puede hacerse más lento, de manera que el cuerpo no consume los alimentos lo suficientemente rápido como para proporcionar la energía adecuada. Ésta es una afección frecuente general, aunque también puede ocurrir después de recibir radioterapia en los nódulos linfáticos del cuello.
Medicamentos. Las medicinas que se usan para tratar los efectos secundarios como las náuseas, dolor, depresión, ansiedad y las convulsiones, pueden contribuir a la fatiga.
Dolor. Las investigaciones demuestran que el dolor crónico intenso aumenta la fatiga.
Estrés. Puede agravar la sensación de fatiga. Esto incluye cualquier tipo de estrés: desde el que produce tener que enfrentar la enfermedad y lo desconocido, hasta el que conlleva preocuparse por los logros diarios o por no cumplir con las expectativas de los demás.

Cómo combatirla
La depresión y la fatiga suelen ir de la mano e incluso puede no estar claro de cuál comienza primero. Una manera de aclararlo es hacerse algunas preguntas sencillas, pero puntuales como si este estado de ánimo permanece todo el tiempo, si ya se estaba así antes del diagnóstico o si la persona manifiesta o siente que no vale nada o piensa que todo esfuerzo es inútil. Si las respuestas son afirmativas, es posible que sea depresión y debe buscarse un tratamiento. 
La mejor manera de combatir la fatiga es tratar la causa inferior, aunque desafortunadamente muchas veces ésta puede ser desconocida o múltiple, pero en el caso de las médicas como la anemia o el hipotiroidismo, resulta mucho más fácil.
Ante esta problemática típica en los pacientes con cáncer, es común que muchos pacientes intenten mantener su rutina y seguir realizando sus actividades cotidianas durante los tratamientos, sin embargo, es posible que deban hacerse algunas modificaciones para conservar las energías. Entre los consejos prácticos y clave para combatirla, están: ahorrar energías, balancear la nutrición, hacer ejercicio y manejar el estrés.

Qué hacer
Piense en sus reservas de energías personales como un “banco”. Los depósitos y los retiros deben hacerse en el transcurso del día o de la semana, de manera que garantice un equilibrio entre la conservación, el restablecimiento y el gasto de energía.
Escriba un diario durante una semana para identificar en qué momento del día se siente con más fatiga o tiene más energía. Tome nota de lo que considere pueden ser los factores que contribuyen a que se sienta así. 
Preste atención a los signos de advertencia de fatiga inminente debida al cáncer: cansancio visual, en las piernas, en todo el cuerpo, rigidez en los hombros, disminución o falta de energía, incapacidad para concentrarse, debilidad, aburrimiento, falta de motivación, sueño, mayor irritabilidad, nerviosismo, ansiedad o impaciencia.

Ahorre energías
* Planifique sus actividades con anticipación y organice su trabajo
* Cambie el lugar donde guarda los productos que utiliza para acortar las distancias a la hora de buscarlos
* Delegue tareas cuando sea necesario
* Combine movimientos y actividades y simplifique los detalles
* Otro elemento es aprender a programar sus descansos. Para esto haga lo siguiente:
* Combine de forma equilibrada los períodos de trabajo y los de descanso
* Descanse antes de llegar a cansarse
* Haga descansos cortos y frecuentes
* Controle su propio ritmo
* Reduzca los esfuerzos repentinos o prolongados
* Alterne el tiempo que pasa sentado y de pie
* Cuando se siente, hágalo en una silla que le ofrezca un buen apoyo
* Ajuste las alturas para trabajar; no trabaje inclinado