Salud y Sexualidad

El fin del amor ciego

Durante las primeras semanas o meses de nuestro matrimonio, vemos a nuestro ser querido como alguien perfecto y no podemos tolerar ningún sentimiento desagradable

Cuando pensamos en el asombroso índice de divorcios, es difícil creer que esencialmente todos los matrimonios comienzan con gran esperanza, expectación, amor y sentimientos maravillosos.
Al principio todo parece estupendo, el mundo es perfecto y una de las razones es la inmadurez. Pero ¿qué es la inmadurez? De algún modo es correlativa con la edad, pero no forzosamente.
Intolerancia y ambivalencia
En el contexto de este problema particular se puede definir la inmadurez como aquella incapacidad para tolerar o salir adelante con ambivalencia a un nivel consciente. Ambivalencia es sencillamente tener sentimientos opuestos o contradictorios hacia la misma persona.
Esto explica el dicho de que el amor es ciego “al principio, cuando estamos enamorados”, y durante las primeras semanas o meses de nuestro matrimonio vemos a nuestro ser querido como alguien perfecto y no podemos tolerar ningún sentimiento desagradable.
Por lo tanto, suprimimos (negamos ignoramos) cualquier cosa que pudiéramos no amar en nuestro cónyuge. Entonces podemos estar conscientes sólo de dos puntos buenos. De ahí que nos olvidamos de tales cosas como una silueta o un físico imperfectos, el hablar excesivo, el silencio, el desorden, o el prolijo cuidado, lo poco apto para funciones sencillas de la casa, etc.
Descubriendo nuestras imperfecciones
En el comienzo, este esconder de nosotros mismos los aspectos indeseables de nuestro cónyuge funciona a las mil maravillas. Pero a medida que vivimos día tras día, mes tras mes con nuestra persona amada, hacemos nuevos descubrimientos acerca de él o ella.
Algunos son buenos y otros no lo son tanto. Los hay hasta que nos hacen rebelar... pero mientras seguimos suprimiendo lo desagradable y relegándolo a nuestro inconsciente, podemos continuar viendo a nuestro ser querido como un modelo casi perfecto, y todo va bien.
Existe, sin embargo, un problema, y éste es que no podemos seguir suprimiendo eternamente. Algún día llegamos a un punto de saturación, puede ser que para entonces hayamos estado casado varios días y varios años. Esto depende:

1- De nuestra capacidad para suprimir, pasar por alto e ignorar lo desagradable.
2- De nuestro grado de madurez, es decir, es decir de nuestra aptitud para tratar conscientemente con los sentimientos conflictivos.

Lic. Ledia Gutiérrez lanzas
Psicóloga. Clínica psicológica.
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