Salud y Sexualidad

Los ciclos de la luna

Alguien grita en la oscuridad y los aplausos indican que no es momento de quedarse callado, sin embargo, él no es del tipo de personas que explica a una audiencia de desconocidos los secretos del máximo placer

- ¡No es verdad! -- grita indignada Estelí -- ¡las mujeres son mujeres y los hombres son hombres!
Quienes la escuchan a la distancia piensan que es el comentario más estúpido --por lo obvio-- que escucharán en su vida. Alguno pensará que una vez escuchadas esas afirmaciones tan severas han escuchado todo en la vida. Una razón por la cual ya no valdría la pena seguir en el mundo de los vivos.
Por el contrario, sería una razón para el suicida que escucha a la distancia el siguiente asombro de Estelí, que le daría razones para seguir en este mundo.
- ¡La mujer no eyacula! -- grita Estelí sin la intención que todo el bar la escuche.
- Hay eyaculación, si lo saben hacer -- dice el sujeto en voz apenas audible, consciente de que hay gente con los ojos fijos sobre ellos -- tiene que ver con el punto "G" de la mujer y su estimulación.
La música es pausada por el DJ, que también ha escuchado la buena nueva: mujer más estimulación es igual a eyaculación femenina --explica -- alguien grita en la oscuridad y los aplausos indican que no es momento de quedarse callado, sin embargo, él no es del tipo de personas que explica a una audiencia de desconocidos los secretos del máximo placer.
- ¿Nos vamos? -- pregunta el hombre.
Estelí valora sus alternativas. Podría ser que el tipo fuese una bolsa de palabras, pero de no acompañarlo esa noche no lo sabría. El gusanito de la curiosidad le grita "a ver si es cierto". Pagan la cuenta y se van.
Ya en el cuarto los besos, lentos, ardientes, a ratos fríos, el hombre no fue por su entrepierna, se tomó tiempo y lejos de desesperar a Estelí. De hecho pensó que se quedaría dormido.
Luego sintió cómo el calor aumentaba bajo su piel. No contó las horas, pero él no se apuraba. No le dejó un pedazo de la piel --a pesar de su temor estético a una estría sin tratamiento-- que él no hubiese besado, amasado, mordido, acechado y descubierto a los meandros del placer.
Hasta que el fin, sin que ella apenas lo percibiera, bajaron las manos veloces por su cuerpo. Luego la frase "es como una monedita detrás de este huesito", la estimulación y...
-¡Las chicas no van a creerme! --grita Estelí con una mezcla de
vergüenza y violento placer.