Salud y Sexualidad

Amor de verano

Quería soñar que era suyo, que ese hombre al que ahora le sujetaba el trasero era suyo, que no podría ser de nadie más

Rolando --le dijo ojos azules a Julia.
- Guillermina --, respondió Julia--, ambos sabían que mentían, que de esa noche buscan el recuerdo y nada más, lo de los nombres cambiados es parte de la farsa, del juego, el ser otros para vivir al menos por una noche entre los brazos de un desconocido.
Julia quiso llevarlo con calma, besar un poco, bailar, besar de nuevo, tomarse un trago para agarrar valor. Él quiso llevárselo más suave todavía; un trago, baile, hablar de las cosas imposibles de la vida, como el amor eterno, el fuego del corazón, preámbulos para subirse a la cama sin los golpes de conciencia.
Percibió su olor.
- ¿Oscar? --preguntó Julia inhalando el pecho del hombre.
- Me lo rentó --respondió él refiriéndose al perfume.
- ¿Casado? --pregunta Julia aferrada a la esperanza.
- Un caballero besa, pero no cuenta --agregó el supuesto Rolando.
- ¿Compromisos? --insistió Julia.
- Vas a romper la magia--respondió el hombre perfumado.
Y por la magia Julia no quiso saber más, quería soñar que era suyo, que ese hombre al que ahora le sujetaba el trasero era suyo, que no podría ser de nadie más, que era imposible, agradeció a los cielos su buena estrella, pero desde el fondo de la habitación escuchó el grito:
- ¡Maldita!
No quería mirar a la persona que gritaba con tanto desparpajo, sabía que era con ella, quizás una mujer celosa, quizás una amante obsesiva.
- ¡Maldita! ¡Te estoy hablando! --insistió la voz que rompía la magia.
- Disculpá --dijo el supuesto Rolando--, pero mi compañero ha venido por mí.
- ¿Qué? --Se quedó Julia en una pieza.
- Hago estupideces cuando me paso de tragos --se excusó Rolando.
- Yo también --respondió Julia celosa de que alguien, no ella, no una mujer, pudiese amar al hombre perfecto.