Salud y Sexualidad

El pasado

Ella, de vez en cuando, mira la entrepierna del francés para ver si su desnudez tiene algún efecto, pero nada

Que Estelí durante sus 17 años de matrimonio fue una santa; mujer entregada en cuerpo y alma al matrimonio, al trabajo doméstico, a la buena crianza de los hijos, a la atención del marido, a perdonarle sus trotes nocturnos, los que en ocasiones incluían semanas sin mostrar la cara por casa, eso no está en discusión, todas son mujeres pías, inmaculadas, hasta que se demuestra lo contrario.
Y está claro que la prueba de las faltas del hombre son obvias, pues no pueden quedarse callados, ni borrar los aromas a otro hogar y mucho menos resistir la tentación de ponerse un par de senos porque el amante así lo ha pedido.
Estelí descansa en la playa, es una foto ya con años, es el Caribe, sólo en el Caribe las palmeras aparecen en paisajes naturales, está desnuda y de su seno desnudo cuelgan unos labios, al menos eso parece, pero un mechón de pelo rubio le cubre el rostro.
“Jacques” -- recuerda con un suspiro Estelí --, “me di vacaciones”. Lo encontré en la playa, los europeos cuando tienen la oportunidad se quitan la ropa de baño.
“Hola” --le dijo el francés arrastrando la lengua como con un ronroneo -- “disculpa, ya me visto”.
“No, estoy acostumbrada” -- miente Estelí, cuando en su vida ha visto tres veces a un hombre desnudo, las tres fue a su marido, la última por accidente, pues tuvo que entrar al baño y lo encontró lavándose las partes íntimas con un énfasis que a ella le molestó--“soy casada” ¿recuerdas?-- explica y de inmediato se quita la ropa de baño --, “así no estarás incómodo”.
Después hablan del clima, de la vida moderna, de la felicidad, de los hijos, y ella, de vez en cuando, mira la entrepierna del francés para ver si su desnudez tiene algún efecto, pero nada, supone que todos los años de aeróbico le han dejado mucha masa muscular y menos carnes, supone que los europeos prefieren más carne que músculos.
Finalmente decide irse al agua, invita a Jacques al agua.
“No gracias” -- se disculpa Jacques --.
Estelí comprende que sentado no se nota, pero el pobre hombre está excitado.
Estelí salta sobre él, dos relaciones sexuales ha tenido en su vida, dos embarazos, esa tarde bajo el sol desquita tantos de celibato en el matrimonio.
“Jacques”,-- recuerda-- “me hirieron las piedras la espalda, pero fueron tres orgasmos”.