Salud y Sexualidad

El aparato ese

En casa, Martha la espera furiosa, le ordena que vaya al cuarto, entre las sábanas, Julia encuentra "Placer 3000"

Jove

“Doña --llamó Martha a Julia, que está en el trabajo-- ya no voy a limpiar su cuarto, venga usted”.
“No puedo --responde Julia preocupada-- estoy en una reunión muy importante”.
“Mire, yo le pregunté al ministro de mi iglesia y él dice que ese tipo de cosas son pecado y que podría irme al infierno para siempre”.
“Niña, ni que hubiera hecho algo grave. Ni hombre he llevado a la casa. ¿Cómo,
ahora no te acordás que salías a pasear con mi ropa interior?”.
Eso era, cuando..., así me dijo el ministro, yo era una pecadora impenitente.
Fornicadora impenitente diría yo.
Venga usted por su babosada, o yo misma me despido.
Que Martha llame a Julia al trabajo para amenazarla con irse de la casa no es novedad. La novedad está en que la amenaza por algo que ella ha visto en la casa, algo contrario a su moral y a su buenas costumbres, en particular ahora que se ha vuelto religiosa.
Otra cosa que es muy importante recordar es que nunca se deja una persona en casa cuando ésta decidió renunciar al trabajo, por lo general, son los objetos sentimentales los que sufren, pues los de valor, por ley general, se reponen. Julia se ve forzada a regresar a casa, no sabe cuál de sus objetos tiene tan molesta a Martha.
Quizá el látigo --piensa--, pero hace rato que lo usé y lo dejé limpio, o bien el ‘garrote vil’, pero ella no sabría usarlo.
En casa, Martha la espera furiosa, le ordena que vaya al cuarto, entre las sábanas Julia encuentra "Placer 3000", olvidó guardarlo la noche anterior después del cibersexo.
“Pero Martita, no es la primera vez que encuentras un consolador en mi casa”.
“Uno como eso nunca. Además, no funciona”.
“Éste es nuevo. Mirá… hasta un botón tiene”, entonces Julia entiende la
razón del enojo, “vamos de compras le dice”.
Una hora después, desde el cuarto de la empleada se escuchan unos gritos delirantes. Es el "Placer 3000" que alguien recibió de regalo.