Salud y Sexualidad

La tecnología

Estelí sabe que Julia, a pesar de estar en New York, tendrá que conectarse en alguna hora, y ve en sus contactos que en línea está el seudónimo El Jefe

Estelí sabe que en eso de la nueva tecnología debe tener a un adolescente cerca cuando pretende usarla, los adolescentes se mueven en ella como el pez en el agua, pero tiene que contarlo. Le tiene que decir a las chicas y después de pensarlo durante unos minutos.
Enciende el ordenador, entra en su “mensajero instantáneo”, así le dijo alguna vez su hijo que se llamaba esa cosita que le permite entrar en contacto con gente de todo el mundo.
Sabe que Julia, a pesar de estar en New York, tendrá que conectarse en alguna hora, y ve en sus contactos que en línea está el seudónimo El Jefe. “¿Cómo se llama mi Jefe, además de Mr. Cuadra?”, le pregunta, y él escribe: “Buenas noches Estelí, no sabía que te habías sumado a las nuevas tecnologías”.
“Estoy trabajando”, miente descaradamente y agradece no estar frente a él, porque ella no sabe mentir.
“Bien, buena hormiguita”, responde el Jefe, y le manda una carita feliz que le hace un guiño, que la sorprende grandemente. Ella quiere responder con otro igual y para su horror descubre que ha enviado un beso. “Lo siento --se excusa--, no sé usar computadoras”.
“No te preocupés”, responde él con otro guiño de ojo.
“Locaaaaaaaa”, interrumpe la conversación Julia cuando entra en la conversación, “New York es lo máximo. Anduve de shopping, vieras que dejé topada la tarjeta, le voy a decir a Margarita que me dé un adelanto”.
Estelí detiene sus dedos por unos minutos, primero deja desahogarse a Julia, como sólo los indios saben hacerlo tras su primer viaje a la Gran Manzana.
“Te cuento, fui al hotel hoy --entra Margarita a la conversación-- conocí a un hombre en la piscina”.
“Contame” --se engancha Julia.
“Pues que me olvidé de todo el cuento de ‘quien quiere celeste que le cueste’, y me fui de frente”.
“¿Cómo? ¿Vos, doña mosquita muerta?”
“Sí, no pude. En cuanto lo vi me dio un temblor de cuerpo que ni te cuento”.
“Estelí, ¿estás dormida? --pregunta por una ventana El Jefe.
“No. Trabajando”.
“Entonces amiga”... ¿Qué pasó? --pregunta en la otra ventana Julia.
“Bien, no te interrumpo más” --escribe El Jefe.
“Pues bueno, que me metí en la piscina con él, y digo que me metí y no andaba ropa de baño... me da pena decírtelo --escribe Estelí--, pero tiene unos dedos larguísimos, pero yo estaba loca ya, vos sabés esa pena que me da siempre”.
“¿No me vas a contar, pues?” --pregunta en la ventana Julia.
“Ya te dije” --responde Estelí.
“¿Cuándo?” --pregunta de nuevo Julia.
Y Estelí, por error, observa que le ha contado a Mr. Cuadra lo que ha pasado en la piscina, y la cara se le va a caer de vergüenza.
“Disculpe, es que soy nueva en esto de las tecnologías”, se excusa Estelí con Mr. Cuadra, y éste se limita a enviarle en la ventana un guiño de ojo.