Salud y Sexualidad

Los juegos sexuales que ellas odian

Los juegos previos, tan deliciosos como el mismo sexo, son un arte que no todos dominamos, y los hombres deben aprender a evitar esos errores comunes

Doren Roa

A raíz de su carácter cordial, comprensivo y educado, muchas veces las mujeres deciden ignorar esas pequeñas cosas, un poco irritantes, que realizan los machos durante el jugueteo previo a la actividad sexual.
De hecho, las féminas se mantienen en silencio para guardar las apariencias. La mujer puede ser un poco tímida a la hora de confesar las posiciones y movimientos que prefiere, así que muchas veces prefiere callar y seguir la corriente.
Para evitar esos molestos gajes del sexo, aquí te dejamos una listita un tanto “académica” con sugerencias que ayudarán a evitar esas cosas que podrías estar haciendo mal. Aunque tengás la idea de que sos el amante perfecto, no esta demás medirte o analizarte al respecto.
1. Ser demasiado rudo.
La mayoría de las ocasiones las mujeres prefieren que las toquen de forma menos agresiva, pero sucede lo contrario: los hombres las tocan como les gustaría ser tocados a ellos mismos. Desgraciadamente, por lo general no funciona. De modo que, la próxima vez que estés haciendo “algo” a tu mujer y dudés si la está pasando bien, tratá de hacerlo un poco más suave y observa cómo responde.
2. Usar movimientos repetitivos.
Cuando alguien frota la misma zona un largo rato, ésta se puede irritar. Las mujeres, a menudo, se las deben ver con hombres que, al escuchar que algo “se siente muy bien”, deciden quedarse allí eternamente. Estos sujetos, asimismo, deciden continuar con este mismo movimiento durante toda la sesión de juegos eróticos, lo que puede tornar las cosas aburridas y rutinarias después de un rato. ¡Ojo!, no se trata de sacarle brillo a esa zona, sino más bien activarla.
3. Perderse en la rutina.
El que aburrás en la cama es, normalmente, el resultado de la falta de imaginación y de entrenamiento. Pasa que te limitás haciendo sólo lo que creés que es correcto. El entrenamiento es una excelente herramienta que da confianza para intentar nuevas cosas.
La recomendación es fácil. Tratá diferentes posiciones y diferentes presiones, y luego pregúntale a ella cómo se siente. No olvidés: ella también estará en calidad de “entrenamiento”, descubriendo qué es lo que le gusta y qué no.
4. Sólo ella...
El asunto es de dos, así como las discusiones, las conversaciones y demás. No permitás jamás que sólo ella actúe tal cual el acto fuese individual y no dual. Sé buen retribuyente de sus acciones, es decir, no te quedés ahí como poste, inmóvil y sin encender la llama, pues de ser así, cortás la inspiración en ella y desistirá del intento.
5. Silencio mortal.
Ciertamente no estás ni en misa ni menos en el teatro. Tené en cuenta al menos que a ella le gustaría escuchar un suspiro o, para mejores resultados, un ligero quejido el cual se traduzca en placer. Tengan en cuenta, machos, que a la hora del acto a ustedes les excitan los quejidos, las palabras referidas al momento y un poco de erotismo.
Pero no mientan. Sería un grave error el que por complacerla nomás emitás ruidos absurdos que más bien la asustarían. Evitá a toda costa mentir en las emociones, pues ella, y vos también, podría pensar que la estás pasando bien cuando pasa todo lo contrario.
6. Besos “jugosos”.
Ese roce tan sensual de las lenguas es un acertado jueguito que te conviene saber realizar. Si a tu pareja le gustan los besos “franceses” (con lengua), ponelo en práctica, pero no exagerés en ello usando demasiado la viperina.
Los besos secos saben mal, pero los demasiado húmedos son terribles. No sos un bebé el cual se babea a estas alturas del partido. Sabé distribuir la saliva y usar bien la lengua.
7. Cuidado con los mordiscos.
Si se trata de hambre, alimentate, pero no tomés a tu mujer tal cual fuera un suculento desayuno, almuerzo o cena, según el momento de la acción. Una mordida a veces puede ser criminal si la das creyéndote un lobo feroz en busca de la caperucita del cuento. Tampoco perdás de vista que la piel de la mujer es sensible y además frágil, de modo que una mordidita, ¿porqué no?, pero suavecita, con cariño y delicadeza.
El mejor consejo que se le puede dar a un hombre es el de practicar. Ser un estudiante flexible y dispuesto es terriblemente atractivo. La única forma de no atascarse es admitir que son un gurú del sexo.
Por otra parte, este reconocimiento te hará, de algún modo, vulnerable, y ella te solicitará para hacer “cositas” más seguido. El ego suele interponerse en el camino al mejor sexo, así que procurá apartarlo y evitá que tu vida sexual sufra por ello.