Salud y Sexualidad

¡Fiesta de divorcio!

La oferta varía desde bacanales para despejar la tensión acumulada hasta ceremonias espirituales y celebraciones en las que la pareja concluye, en tono amistoso, la vida matrimonial

Washington / EFE
El divorcio se ha convertido en un buen momento para hacer una fiesta, al menos en Estados Unidos, donde cada vez son más los que optan por alguna celebración para dar carpetazo definitivo al amargo trago de la separación conyugal.
La tendencia ha dado lugar a una incipiente industria: la de las empresas que organizan fiestas de divorcio.
La oferta es de lo más variada: desde bacanales en los que el divorciado/a da rienda suelta a la tensión acumulada al disparar dardos contra la foto de su ex, hasta ceremonias espirituales y celebraciones en las que la pareja concluye, en tono amistoso, la vida matrimonial.
Clausura, no celebración
Jenny Kuehneman es una divorciada convertida en organizadora de eventos lúdicos que incluyen, cómo no, fiestas para mujeres que como ella han sufrido los sinsabores de una separación.
“Es como una especie de clausura”, dijo la empresaria de Milwaukee (Wisconsin), quien insistió en que esas fiestas “no son una celebración del divorcio, sino una ocasión para reunir a los amigos y buscar apoyo en momentos difíciles”.
Posh Entertainment Group, su empresa, ofrece a la homenajeada y a sus amigas servicios de belleza a domicilio el día de la fiesta y una “excursión”, con cita a ciegas incluida, a algún club nocturno.
Derecha religiosa desesperada
Kuehneman y sus fiestas desesperan a la derecha religiosa de Estados Unidos, que asiste con horror a la paulatina desintegración del núcleo familiar reflejada en unos índices de divorcio que rondan el 50 por ciento.
Expertos del mundo académico critican también que una experiencia tan trágica se tome a la ligera.
“Creo que la idea de la celebración es simplemente terrible”, dijo a Efe David Popenoe, Director del Proyecto Nacional sobre el Matrimonio de la Universidad de Rutgers (New Jersey), que estudia tendencias relacionadas con ese tipo de unión en todo el mundo.
Para Popenoe, el hecho de que se celebre “convierte en positiva una experiencia dramática que resulta especialmente devastadora si hay niños por medio”.
No es para tanto
Reena Sommer, una psicóloga de Texas y autora del libro “How to end a marriage” (Cómo terminar un matrimonio), no cree que la cosa sea para tanto.
La terapeuta asegura que “el divorcio es diferente para todo el mundo, pero supone un cambio y es importante reconocerlo, ya sea comprándose una tele nueva, pintando la pared de otro color o planeando una fiesta”.
Para Charlotte Eulette, Directora de Celebrant, una compañía que ofrece maestros de ceremonias para todo tipo de eventos, lo importante es sacudirse la pena de encima y volverse a sentir bien con uno mismo.
A Eulette, que se considera “una superviviente” del divorcio, no le gusta la palabra celebración y prefiere hablar de “ceremonias”, como la que organizó recientemente para una clienta que, tras un conflictivo matrimonio, “había perdido la sensación de sensualidad”.
La responsable de Celebrant recuerda que el objetivo de ese evento fue ayudar a la anfitriona a recuperar su feminidad.
Fiesta contra resentimiento
Dan Courvette, editor de la revista “Divorce Magazine”, una publicación semestral que se distribuye en Canadá y EU, considera que “es mejor organizar una fiesta que acumular resentimiento”.
El directivo pronostica que el número de matrimonios seguirá disminuyendo en todo el mundo en los próximos años y que aumentará el de parejas que conviven bajo el mismo techo sin casarse.
“En Canadá acabamos de tener un caso en el que un juez dictaminó que el marido era responsable de mantener a su esposa porque ésta era incapaz de encontrar un trabajo a raíz del desgaste emocional del divorcio”, declaró Courvette.
Casos como ése recuerdan, según Courvette, que el matrimonio lleva aparejada “una responsabilidad” y que la carga de poner fin a esa unión es cada vez mayor.
Aun así, el editor dice que “el matrimonio tiene sus altibajos”, y señala que un enlace idílico como el que tuvo lugar hace una década entre el príncipe Carlos de Inglaterra y Diana de Gales podría hacer que la maltrecha institución matrimonial resurja de sus cenizas.