Salud y Sexualidad

La masturbación patológica

No hay reglas que indiquen hora, lugar o motivo, cuando de autoplacer se trata

“Joel, ¿qué tanto hacés en el baño? ¿Acaso taqueaste el servicio o qué? Todos los días es lo mismo. Mirá la hora que es, tengo que bañarme, siempre me hacés esto. ¡Contestame!”.
En ese caso, algo particular, no se taqueó el servicio, más bien Joel ejercía el derecho que a su cuerpo le han consentido “para los momentos de estrés, ganas, soledad o descarga”, la única válvula de escape con la que la guerra hormonal se sosiega.
Psiquiatras, psicólogos y sexólogos han asignado el nombre de “masturbación patológica” a la frecuencia con que una persona -- mujer u hombre-- se masturba o autocomplace sexualmente.
Un trastorno de personalidad
Obviamente, la periodicidad debe ser constante y repetitiva y en este caso el lugar es lo menos importante. Puede estar en el trabajo, en la casa, en un bar, en la disco, cualquier lugar donde no dejemos de ser humanos. Aunque los especialistas no cataloguen “de enfermedad” practicar la masturbación, sí la clasifican de patológica, cuando la persona ya es dependiente del autoplacer. En este caso, los siquiatras diagnostican un “trastorno de la personalidad”
Culpabilidad, asco, suciedad, vergüenza son los sentimientos que acompañan a algunas personas después de practicar la masturbación, todo producto de las ideas incorrectas que se le asignan, provocando que el individuo adopte una percepción errónea de sí mismo.
“Recuerdo un caso de un amigo que siempre que iba al cine se masturbaba, aunque la película fuera cómica, él se sentaba adelante, porque nadie se sienta allí, y comenzaba. Ni siquiera dejaba terminar la película, a medias se levantaba y se iba”, relata Roberto, un ex “convicto” de la masturbación.
Roberto asegura que su caso fue distinto, “yo estaba más chavalo y a esa edad todo se vale. Tenía mi cuarto y entre amigos nos prestábamos revistas y casi diario lo hacía, me acostumbré. Porque me salía de clases y en el baño comenzaba”. Cuenta que el hábito desapareció cuando se enfermó y pasó en cama casi un mes, “me dio varicela y ni me podía tocar, si no hubiera sido por eso creo que habría seguido”.
Excelsa moralidad
Hay quienes consideran la masturbación como un método de sexualidad seguro, también ha sido recomendado por médicos para lidiar con cargas estresantes. Sin embargo, muchas personas ven con malos ojos que su pareja se masturbe, de hecho, para algunos es muy ofensivo. Inclusive, se registran casos de parejas que han llegado a conflictos porque el hombre gusta y prefiere masturbarse a tener sexo con su pareja.
El especialista en estos y muchos temas más, doctor Óscar Espino, recalca que masturbarse no es malo y que nadie puede enfermarse por eso. El problema está en la psiquis del individuo.
Espino señala que el 95% de los hombres y el 50 % de las mujeres se masturba, la diferencia de porcentajes entre mujeres y hombres se debe, según el especialista, a los tabúes y la represión de la sexualidad femenina, “la mujer es tan sexual como el hombre”, dice Espino ante cuestionamientos que el hombre se excita más, o que es más erótico. “Eso es un mito”, exclama.
Lo patológico de la masturbación está regido por una conducta del individuo que ha aislado parte de su fantasía. Según la psicóloga Flor Sánchez, la terapia es lo único que podría normalizar esa conducta.
Sánchez afirma que lo patológico de la masturbación está determinado por el aislamiento del individuo, “él o ella pueden hacer sus cosas normalmente, trabajar, llevar una vida pública lo más pasivo posible, pero hay un momento que, por lo general es imprevisto, donde hay una gran necesidad de autocomplacerse. Si la persona no sacia esa necesidad experimentará una ansiedad visible ante los demás, se sofoca, muestra hiperactividad”.
La especialista comenta que si la persona es dependiente de la masturbación y tiene su pareja, hombre o mujer, ambos se deben someter a terapias, “porque están fallando, no hay que esconderse de la pareja para masturbarse, hay que comunicarse y pueden, perfectamente complacerse el uno al otro.
Sin embargo, con las normas morales y religiosas la gente se está enfermando, nos “atascamos” como sociedad, visualizamos de inmoral conductas sexuales producto de creencias y tabúes erróneos.
Lo más eficiente en las terapias es asignar a la personas a nuevas tareas. No se le obliga, sino que se trata de descubrir cosas que ocupen momentos de su vida, plantea la terapeuta. “Si has escuchado que cada cabeza es un mundo, es verdad, por eso no hay un estándar de tratamiento para problemas que tengan que ver con conductas”.
Añade que lo primordial no es negarle a la persona que se masturbe, porque el problema radica en la dependencia de la persona hacia esta actividad que podría ser cualquier otra, “no sólo se puede enfermar debido a masturbarse, hay otros tipos de cosas, por ejemplo a jugar, a comer, a dormir, si te fijás situaciones normales que todos hacemos”.
Lo normal
La psicóloga afirma que una persona puede masturbarse todo lo que quiera, pero hay límites. “El stop lo asignamos nosotros mismos, cuando esas reglas están siendo quebradas, hay que poner mayor atención”.
Señala que hay muchos factores en juego, pero masturbarse únicamente cumple con sus objetivos, autocomplacernos, no enfermarnos, ni volvernos locos. De hecho, la psicóloga considera propicio practicar esa actividad por la mañana “antes de ir al trabajo o salir a hacer algún mandado”.
Agradecemos a los especialistas
Óscar Espino. Telf. 2662253,
Flor Sánchez, psicóloga terapeuta telf. 8670721