Salud y Sexualidad

¿ES EL AMOR?

Lo anunciado por Estelí ocurre casi con precisión matemática: la mano en el hombro, el baile, la caricia en el cabello... la huida y luego sólo imagina el apareamiento

Julia anda en su piel un aroma a rosa recién cortada. La noche anterior ha besado y probado la carne del hombre perfecto. “Huele bien, huele muy bien”, piensa y recuerda mientras se prepara para dejarles ir a Margarita y Estelí el bombazo.
“Un hombre que huele bien, es culto y tiene un rostro de portada de revista”… ella continúa atrapada en sus pensamientos. “Estoy enamorada”, está a punto de gritarles en la cara a las chicas, decirles que es “un bruto de raza”, es decir que además lo sabe usar.
Se arrepiente de todo ese tiempo en que sólo cruzó un par de palabras con él. Pero a los cazadores no hay que darles mucha cancha, son cazadores, buscan una oportunidad, la tienen y luego olvidan. No quería, no puede ser, su orgullo no le permite ser una muesca más en la cama de Fernando Martín.
Observa a las chicas, están en lo suyo, valorando quién será la víctima esa noche, viendo si hay alguien que valga el esfuerzo de escucharlo hablar “Sí, sí, sí papito, ya te escuché, que levante 200 libras con los bíceps”. ¿A qué hora me vas a decir vamos a otro lado?
¿Tendré que fingirme ebria otra noche para que te atrevás a proponérmelo? Pero Julia esa noche está feliz, ha encontrado al hombre perfecto.
-¡Ah! Fernando Martín --suspira sin darse cuenta, y las chicas captan al “vuelo”.
-Ya amiga, superalo, fue sólo una noche de pasión, le indica Margarita como si estuviese enterada de las intimidades.
-¿Qué? --casi se ahoga Estelí --, ¿otra víctima del parado ese?
-No, ustedes no entienden.
-La que no entendés sos vos, mirá --y Estelí le indica con un gesto que observe la entrada del bar.
Y ahí, de la mano de una garza morena entra el Fernando Martín, elegante, seguro, todo ojos para su compañía. Julia trata de esconderse tras un tequila.
-No me digás que te enamoraste de él --le reprocha Margarita.
-Sé seria, sólo fue un “affair” rápido, además, es pésimo con el asunto --trata de terminar la discusión.
Será un caballero hasta que ella se confíe, él le pondrá la mano en el hombro --explica Estelí--, bailarán, le acariciaría el cabello, ella se sonrojará y tratará de resistirse excusándose para ir al lavado a retocarse y ahí, ahí mismo el Fernando Martín le quitará su tesorito.
Julia hace una mueca entre “ya lo viví” y no pasará, no quiere que ocurra, pero Fernando Martín no tiene ojos para ella esa noche, quizás nunca más los tenga, su noche fue otra, hace mucho tiempo que quizás él ya la olvidó en 12 horas.
Y lo anunciado por Estelí ocurre casi con precisión matemática: la mano en el hombro, el baile, la caricia en el cabello... la huida y luego sólo imagina el apareamiento, la simple y llana fornicación de la noche en el baño de mujeres. La envidia, el sueño de estar en la piel de la otra, el sueño truncado.
- Ese arroz ya se coció --señala Margarita.
- Me extraña la araña --afirma Estelí-- ése ya no se compone.
- Y qué se va a componer con tanta tonta dispuesta --dice Julia y con una mezcla de amargura e indiferencia ordena otra cerveza.