Salud y Sexualidad

La escuela del encanto

Instructores y alumnos van juntos a los establecimientos propicios, donde los primeros abordan a grupos de mujeres para que los segundos sean testigos de primera mano de la técnica correcta.

Una compañía estadounidense ofrece cursillos que combinan teoría y práctica para enseñar a ligar a corazones solitarios que tienen problemas a la hora de encontrar el modo y manera de seducir al objeto de su deseo.
“Charisma Arts” (“Las artes del carisma”), es una firma que produce un catálogo de películas, discos y libros para aprender a cautivar al sexo opuesto, aunque son sus seminarios de fin de semana los que, asegura, garantizan el éxito a sus clientes.
Muy cotizados
Con el título de “Charm School” (“La escuela del encanto”), los cursillos se desarrollan de manera simultánea en varias ciudades del país, al precio de 1 mil 600 dólares, y registran una demanda alta.
La empresa, con base en Michigan, afirma en su web que ya están completos dos de los ocho previstos en lo que queda de agosto; los programados para este fin de semana en Nueva York y Los Ángeles.
Los seminarios comienzan el viernes a las dos de la tarde, cuando los alumnos se citan con los instructores en un restaurante o un hotel para reunirse luego con ellos en una sala del local.
Teoría y práctica
Los profesores les instruyen allí sobre cómo entablar conversación, cómo proyectar una imagen de seguridad o cómo adoptar el lenguaje corporal imprescindible para evitar el rechazo.
Tras cuatro horas de teoría, los estudiantes pasan a la práctica.
Esa misma noche, instructores y alumnos van juntos a los establecimientos propicios, de preferencia “clubes de jazz y bares de copas”, donde los primeros abordan a grupos de mujeres para que los segundos sean testigos de primera mano de la técnica correcta.
En ocasiones, los estudiantes más aventajados se sientan en la mesa o se arriman a la barra en la que practican sus maestros, que les dan el relevo si la cosa va bien.
De acuerdo con la compañía, entre un cincuenta y un setenta por ciento de los contactos en esa velada desembocan en citas o el intercambio de números de teléfono y correos electrónicos.
El campo de exploración cambia en la tarde del sábado, cuando los aprendices de ligones visitan “librerías y cafeterías” y aplican lo aprendido, pero con más pobre resultado que en horas nocturnas.
La posibilidad de que los encuentros conduzcan a algo más se reduce con luz diurna a entre el treinta y el cincuenta por ciento.
Por la noche, de vuelta a “clubes de jazz y bares de copas”. El cursillo concluye al mediodía del domingo, cuando profesores y alumnos se dan cita por última vez para compartir experiencias y pasar revista a lo que ha funcionado y lo que no a lo largo del fin de semana.
Según Wayne Elise, ex actor que es jefe de instructores y fue en 2001 cofundador de la empresa, la clave es “la naturalidad, el que uno disfrute ligando”.
“Enseñamos a nuestros clientes a comportarse de manera natural, a aproximarse a extrañas y hacer que se sientan ellas también cómodas para que se abran totalmente”, dice.
Llegar al éxito
Elise explica que sus primeros clientes eran “los clásicos tipos que después de tres citas y haberse gastado un montón de dinero con una chica ella le dice que sólo quiere ser su amiga”.
Quienes reciben ahora los cursillos pertenecen, sin embargo, a un género distinto y entre ellos abundan hombres como Dan, que por privacidad no revela su apellido y reconoce que su intención al acudir a las clases no fue otra que superar la timidez.
Es decir, “que cada vez que me acercara en un lugar público a una mujer que me gusta me dejaran de sudar las manos y el corazón me dejara de latir frenéticamente”.