Salud y Sexualidad

La represión de las emociones

El rechazo de las emociones se remonta con frecuencia a los primeros días de nuestra existencia

Algunas personas tienen tanto miedo de sus afectos que se niegan a responder a las observaciones de los demás o a las preguntas de sus hijos. No revelan su intimidad, se excusan diciendo “en esto no te metas, es algo muy mío”.
Otros simplemente ya no sienten nada. No tienen acceso consciente a sus emociones y jamás han oído decir que se pudiera vivir de un modo distinto.
En tales casos, el “yo soy así” es un equivalente a “no quiero que me pregunten”. Sin embargo, ésa no es la mejor vía para encontrar respuestas. Se pueden silenciar durante un tiempo las angustias existenciales trabajando largas horas o jugando billar, pero las emociones llegarán tarde o temprano para incrustársenos en el cuerpo, llegando hasta oprimir a nuestra descendencia de forma insospechada.
Hijos receptores y bloqueo
Los hijos se convierten en síntomas de la “enfermedad” de sus padres, como receptores. Se hacen portadores de las dificultades que sus progenitores se niegan a considerar e intentan responder a las preguntas que quedaron en el aire en la generación anterior.
Los que declaran “yo no tengo problemas”. ¿Son felices? No lo creo, claro que ellos no lo saben concientemente. Quizás nunca han experimentado la verdadera felicidad. Prefieren la ilusión de seguridad que ofrece una identidad estereotipada. “Yo soy como soy”.
Se han resignado y siguen el camino que se les traza. Creen que la vida es así. Hasta que se enamoran o caen enfermos, abriendo los mecanismos de bloqueo emocional ante eventos difíciles. “Imagínate, a mi edad he descubierto el amor”, me dijo un viudo con sesenta años encima.
Descubriendo el sufrimiento
Otros tienen menos suerte y descubren el mundo de las emociones a través del sufrimiento. Una enfermedad, un divorcio o la pérdida de bienes materiales o un miembro físico.
Éste es el caso de una persona que ha sufrido una enfermedad grave. Me explicaba cómo esta experiencia hizo que entrara en contacto consigo misma. Descubrió nuevas emociones, los sufrimientos que había experimentado durante la infancia, el malestar de tener padres que nunca la escucharon, de no haber ocupado un lugar propio.
Sintió cólera en respuesta a las frustraciones y las carencias, cuya existencia hasta entonces no sospechaba y por primera vez en su vida se sintió profundamente en armonía consigo misma. Descubrió la alegría, había vivido en un mundo ficticio. La ilusión y los placeres le ocultaban su soledad interior. Tras aquel trabajo interior, experimentó por fin el júbilo de sentirse ella misma, de sentirse viva.
Emociones reprimidas
Una cultura negativa
El rechazo de las emociones se remonta con frecuencia a los primeros días de nuestra existencia, nuestro mundo es totalmente distinto al que estaba acostumbrado un bebé, en un lugar seguro, cálido, protegido. Afuera todo cambió, se le debe acostumbrar a que duerma solo, si llora dicen que hay que dejarlo para que no se haga caprichoso. Así se inicia en la cultura de represión emocional.
“Los hombres no deben llorar”, las mujeres sí lo hacen, “es muestra de debilidad”, “los niños oyen ven y callan”, qué mundo mas incoherente, emocionalmente hablando somos analfabetas en este rubro.
Es aconsejable que vivamos más de cerca con nuestras emociones, si procuramos expresarlas tendremos un mundo emocional más libre, más grato, haremos de él un lugar especial.
Lic.Ledia Gutiérrez Lanzas
Psicóloga clínica
Consultorio psicológico Mente Sana
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