Salud y Sexualidad

Mi amiga

Ahora ella tiene un escote y piernas largas. Ahora quiero el único caramelo que puede ofrecerme. No da caries, pero me obsesiona

Fue el 10 de agosto, para variar abrí el bar. Siempre abro los bares, están vacíos. Llegue temprano porque fui directamente desde la casa. A mí no me gusta el relajo sudoroso de las fiestas de agosto, me quedo en casa hasta que pasa el santo y deja tras de sí ebrios devotos acurrucados para dormir la mona en las esquinas.
Entonces es hora de salir, por ninguna otra razón de que la fiesta sagrada ha terminado y llegó la hora de los paganos. Por eso abrí el bar, mis amistades seguramente regresaron a sus casas para tomar un baño.
Ella llegó tarde, ahora que lo pienso, siempre llega tarde. Yo para luchar contra el aburrimiento tomé un par de cervecitas y de inmediato me arrepentí por no ingerir alimento temprano.
Nos conocíamos desde siempre, literalmente, nuestros padres eran amigos desde antes que viniésemos al mundo, hay una foto de un cumpleaños; no sé de quién es el cumpleaños, pero estamos abrazándonos, no es un gesto de afecto, la abrazo porque quiero unos caramelos que ella recogió de la piñata. Me abraza porque no quiere darme los caramelos, es pues una batalla titánica por unos caramelos que nos provocarían caries.
Pero ahora ella tiene un escote y piernas largas. Ahora quiero el único caramelo que puede ofrecerme. No da caries, pero me obsesiona.
Está sentada a mi lado, le coloco una mano en la pierna, no me dice nada. Lo tomo como una aprobación y le digo: “Hoy la luna estaba escondida en el cielo polvoso”.
No contesta, pero sonríe. Mi mano sube un poco más en su muslo, ella tiembla, pero no dice nada, me atrevo un poco más, quizás demasiado. Ella se sobresalta cuando mis dedos tocan, la tocan, acarician, estrujan, soban, como sólo en sueños se imagina.
“Somos amigos”, me dice.
“¿Miedo a que se te vuelquen las tejas?”, le digo.
“Están volteadas”, me responde.
Se excusa, tiene que ir al baño a retocar el maquillaje, no puedo dejarla ir “un ave de alcohol”. Me digo “que anidó sobre mi piel, traza la distancia entre unos pies y mis pasos”. La encuentro temblando, le agarro la mano y cerramos el baño... “hoy hicieron suya la noche”.