Salud y Sexualidad

Carne joven

Margarita trató de dormir, no consiguió cerrar los ojos porque estaba inquieta y tras pensar un momento comprendió la razón: “necesito carne, necesito un hombre”

Margarita pudo salir por la puerta principal del hospital psiquiátrico, fue una reclusión voluntaria, le bastaba con avisar que estaba lista para irse, pero prefirió-- con el único propósito de tener algo que contar-- una salida dramática. Aunque no era necesario, pidió permiso a la enfermera para ir al baño.
Desde hace días tenía escondidas en el cielo raso del baño unas sábanas que decidió usar como cuerda para descolgarse desde el baño del tercer piso, saltar la valla --que para su decepción no estaba electrificada-- y huir hacia la libertad. Al menos se alegró por evitar el papeleo burocrático en una institución privada.
Imaginó --quiso imaginar-- que la perseguirían, su casa por lo tanto no era un lugar seguro, al menos hasta que dejaran de buscarla.
Quería ir a la casa de Julia, por las comodidades del condominio.
Cansada de la señal de cable nacional, quería un poco de televisión digital de la buena, pero el “security man” de la aguja la puso en alerta: “Este tipo es parte del sistema --se mintió para mantenerse en el personaje de loca peligrosa y casi armada--, seguramente me entregará a mis perseguidores, como siempre, por unos dólares más”.
Ante el pavor del cuidador, saltó hacia la barranca y corrió por el cauce.
En las noticias se reportaría que una mujer es buscada por los bomberos en el cauce y que se teme por su vida, pues a los minutos inició un torrencial aguacero.
Para suerte de Margarita, sus años en el equipo de natación la salvaron de una muerte segura, salió del agua húmeda, hedionda y muerta de hambre.
Reconoció la calle, estaba cerca de la casa de Estelí, dejó de preocuparse por quienes la buscaban, tocó el timbre y Estelí le abrió la puerta, preparó chocolate caliente, le dio ropa seca y la acostó en el cuarto de huésped, que fue el cuarto de su hijo (de Estelí) antes que el ingrato contrajera nupcias por conveniencias con una chica obesa.
Margarita trató de dormir, pero un mes en el hospital la habían acostumbrado a los somníferos.
No consiguió cerrar los ojos porque estaba inquieta y tras pensar un momento comprendió la razón: “necesito carne, necesito un hombre”, y por un asunto de destino un hombre alto y joven abrió la puerta de la habitación, ella dio las “gracias” a su buena estrella.
Saltó encima del hombre, apenas adolescente, lo lamió de la “A” a la “Z”, sin dejar un pedazo de piel, como dice la canción, sin besar, él se dejo hacer, después hizo lo que quiso con ella, hasta quedar exhaustos.
- Margarita –musitó Estelí en la mañana- ¿qué le hiciste a mi bebé?
- Ehh… de bebé nada –respondió Margarita mientras demandaba con un gesto a Estelí abandonar el cuarto.