Salud y Sexualidad

El macho incansable

No puede ser que un hombre “siempre” tenga deseos sexuales. Existen muchos obstáculos para llevar a cabo dicha labor y mantener bandera siempre en lo alto

Doren Roa
Dicen tener una masculinidad infalible e intachable. Afirman tener deseo sexual todo el tiempo. Hacen alardes de sus facultades de olímpicos amantes. “¡Soy una máquina del amor!”, ventilan. Pero, ¿será cierto?
Las mujeres sabemos que ellos nos dan gato por liebre cuando se afanan por maximizar sus necesidades sexuales, y entre tanta falacia dicen tener SIEMPRE ganas de hacer el amor. Sin duda, es posible afirmar que esos son alardes del “macho” que necesita afianzar su potencial sexual, no sólo hacia sí mismo, sino hacia el exterior, es decir, haciendo públicas esas magnificencias.
El “siempre”
No puede ser que un hombre “siempre” tenga deseos sexuales. Existen muchos obstáculos para llevar a cabo dicha labor y mantener la bandera siempre en lo alto.
De ser así tendría que actuar como una especie de robot que penetra y eyacula sin más ni más. A las mujeres no les interesa este tipo de hombre que se comporta como un mono que se abalanza encima y en tres minutos se terminó la diversión. He aquí la interrogante: ¿cuál diversión?
¿Y la satisfacción de las mujeres?
El deseo sexual no es puro instinto animal. Requiere de un encuentro erótico donde haya una conexión emocional, un sentimiento de agrado. Las féminas no siempre andamos como gatas en celo, pero sí necesitamos de vez en cuando de una probadita de aquello y una de lo otro para tener un menú balanceado en la dieta sexual.
Pero he aquí la diferencia. Ellas son más propensas a tener relaciones cuando está de por medio el sentimiento y no se andan ofreciendo, en su mayoría, a cualquier postor que con sólo una “calentadita de oreja” ¡ya caen! O peor aún, no acostumbran involucrarse con cuantas escobas con pantalones se pasen por su panorama.
¿Mentir en un orgasmo?
Éste es el acertijo más complicado que padece el hombre: la interrogante de si ella fingió o no un orgasmo. Es que para ellos, esto es como un elemento con el cual medir su virtud y/o capacidad para satisfacer a una mujer.
Pero, ¿por qué siempre tiene que ser la mujer la que finge un orgasmo? ¿Acaso los hombres están exentos de mentir en alguna ocasión? Los accidentes suelen darse y tal vez hubo uno en su momento; cuando el bien ponderado macho estaba en acción, y de la nada se le cortó la inspiración o, bien podría ser que, tanto estrés logró arruinar el momento.
Por ello y tanto rollo, un hombre sí puede fingir un orgasmo, pero lastimosamente jamás lo van a reconocer. Si conocés a tu “peor es nada”, ponete a la tarea de observarlo y analizarlo cuando practiquen el pasito tun-tun y tal vez te encontrés con la sorpresita.
El sexo: responsabilidad de ambos
Pero ¡ojo! Mujeres. Tengan en cuenta esto que es muy importante. El sexo no es responsabilidad del hombre ni de él depende su calidad. ¿Cuántos chavalos se inician en el sexo creyendo que sobre sus hombros (o sus genitales y habilidades, mejor dicho) descansa la excitación femenina y la suya propia?
El miedo a fallar y los problemas de erección se convierten en pesadillas masculinas a partir de criterios erróneos inculcados en la mente de los hombres. En su mundo interior, los temores acechan, como ese tan frecuente de creer que en la cama no se comporta a la altura de la situación. Se siente examinado por la pareja, enjuiciado, valorado. Teme no ser considerado aceptable, experto o que no es capaz de dominar su comportamiento erótico.
La cuestión es sentir y hacer sentir nada más de la misma forma; dejarse llevar por el deseo que envuelve y paraliza los miedos. Pero hasta que no se sientan y se pierdan los prejuicios, los hombres seguirán alardeando y nosotras seguiremos haciendo que les creemos cuando, la verdad, sabemos que están mintiendo.