Salud y Sexualidad

Tolerancia e intolerancia

Aunque se puede encontrar un lado positivo en ambos casos, los extremos pueden ser peligrosos

La tolerancia es el grado de paciencia de una persona con las molestias que le causan los demás o el grado en que está dispuesta a soportarlas. La persona tolerante no se enfada con facilidad. ¡Uf, qué difícil!
El punto fuerte de las personas intolerantes es que no aceptan los insultos ni los desprecios, son muy conscientes de cuándo una persona las ha tratado con dureza, injustamente o sin respeto. Haciendo surgir interiormente una llama que los motiva a poner fin a la ofensa, y su ira puede ayudarles a pasar a la acción.
La intolerancia debe medirse
Si los individuos intolerantes son verbalmente dominantes, son capaces de luchar por una causa, si son al mismo tiempo valientes, su ira puede llevarlos a tomar represalias físicas.
Cuando las personas son muy intolerantes, o si su intolerancia es mayor de lo que debería ser en un entorno dado, existe un problema. Estas personas se enfadan con demasiada facilidad.
La ofensa puede ser pequeña, pero reaccionan como si fuera grande, o hasta pueden ver ofensas donde realmente no las hubo. Tienen el genio vivo, muy susceptible.
La intolerancia fuerte puede proceder de daños, malos tratos o abandonos sufridos en el pasado. Esta ira se dirige contra la persona que la maltrató, pero también puede dirigirse contra otras personas con ciertas características semejantes a las de esa persona. Por ejemplo, las personas que han sido maltratadas por sus madres pueden llegar a sentir ira contra todas las mujeres en general.
El tolerante
Las personas tolerantes, como su nombre lo indica, tienden a tolerar las molestias de los demás, no se ofenden con facilidad y tardan en encolerizarse o actuar.
Los seres tolerantes no suelen culpar a los demás ni se guardan los rencores, son capaces de encontrar el modo de ser comprensivos, intentan olvidar lo que les han hecho los demás y no piensan con ira en esas situaciones.
La dificultad de las personas muy tolerantes es que pueden admitir conductas inadecuadas, incluso malos tratos o abandono.
La ira reprimida puede estar estrechamente controlada y no expresarse casi nunca. Consecuencia de ello son síntomas físicos, tales como las úlceras gástricas, dolores de cabeza provocados por las tensiones, trastornos del sueño, entre otros trastornos.
Las causas del alto nivel de tolerancia pueden desarrollarse en un entorno en que la paciencia se recalcaba, es posible que se evitara o se castigara la ira, las manifestaciones de ésta o reclamos aun cuando fueran justas. Muchos padres reprimen la expresión de las emociones y prohíben su manifestación.
La actitud positiva
Una actitud positiva en general, puede hacer que una persona vea los problemas de manera más aceptable.
Una actitud excesivamente positiva puede conducir a la negación de la ira.
Es posible que una persona no exprese la ira por miedo a las críticas, al rechazo o a la violencia física. Estos miedos pueden ser consecuencia de sus vivencias personales o pueden haberlos aprendido de otros. El punto medio es lo ideal. ¡Una tolerancia justa diría yo!

Lic. Ledia Gutierre Lanzas,
Psicóloga Clínica
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