Salud y Sexualidad

Confundida

Supone que será otra noche sin sexo, y casi es así hasta las dos de la mañana

Jove

Margarita anda en uno de esos días. Cansada de la poca atención que le dispensan sus amantes, decidió internarse voluntariamente en el Psiquiátrico, para tratarse con shock eléctricos una persistente tristeza que no disminuye ante el bacanal y el sexo.
Por su parte, Julia se ha reencontrado con un antiguo amor imposible de secundaria, el Luis Armando, que se ha divorciado recientemente, aunque ya no tiene el cuerpo atlético, fibroso y muscular de la adolescencia.
Muy por el contrario, la barriga indica abuso de cervezas y poca o nula actividad motora, pero ella aún lo ve como el chico de la moto, el responsable de que al menos 2/3 de sus compañeras de clases dejarán de ser vírgenes antes de los 16 años, todas menos ella.
Por lo pronto han decido ir a Granada, como viejos amigos, a pasar un rato "lo bueno", se mienten "es que entre nosotros no hay tensión sexual”.
Y Estelí, sola en la capital, no tiene más remedio que ir a buscar vida por su cuenta en los bares. Situación triste al fin, porque la mayoría de la gente ha guardado el dinero para los diez días del santo, así que se han quedado en casa, por tanto, supone que será otra noche sin sexo, y casi es así, hasta las dos de la mañana, cuando Rodolfo --luego entenderá que es su nombre de batalla-- llega al bar, no tiene ni ocho horas que descendió del avión y le quedan otras 16 en el país, llegó para una reunión de la empresa y tiene que irse lo más pronto posible.
- Hola --le dice el galán-- ¿Sos de por aquí?
- De por aquí y de por todos lados --responde Estelí en su tono más sensual, aunque es verdad que los seis tragos de tequila le hacen creer a cualquiera que es sensual.
-¿Nos vamos? --pregunta él.
- ¿Adónde?
- A comportase como la moral y las buenas costumbres lo prohíben.
A nosotros nos basta saber que fueron 15 horas de carne; arañada, apretada, amasada, mordida, acariciada, puesta en posiciones propias de las cintas pornos, sin descansar, ni pedir descanso. Hasta que al fin, el teléfono, el "me debo ir al aeropuerto, compartiremos taxi".
Estelí se queda en frente del bar, él se disculpa por no llevarla hasta la casa, pero ya es tarde, le da dinero para el transporte y se va, el hombre se va dejando a Estelí completamente complacida, luego revisa el dinero y suma.
- ¿500 dólares por un taxi? --observa estupefacta-- ¡¡¡ Este tipo!!! ¿Qué creyó de mí?