Salud y Sexualidad

El carácter

La familia precisa la conformación de una conducta y hábitos que permitan a los hijos saber orientarse siempre ante cualquier circunstancia

La familia es la encargada de la urgente tarea de preparar el terreno y de apuntalar los valores esenciales en las personas para que éstos se arraiguen profundamente. Si la familia no lo hace tempranamente, es muy difícil que cualquier otro ambiente o institución lo haga.
Formar el carácter y la personalidad es el gran desafío de la familia y la escuela, porque es la única manera de que los hijos afronten el futuro con un bagaje de valores indispensables para su vida cotidiana. Esto sólo se logra en el transcurso de la vida, con el ejemplo y la insistencia, comprobando regularmente que esos valores están echando raíces.
Discrepancia
de valores y diálogo
Uno de los obstáculos con que se enfrentan los padres para acometer esta tarea es disponer más de cosas que de bienes interiores, pues falta lo fundamental: disponibilidad para escucharlos, cariño, amistad, convivencia, confianza mutua… En la sociedad se habla muchas veces de que la convivencia es posible si hay un acuerdo en lo fundamental.
Lo mismo ocurre en la familia. La discrepancia sobre los valores básicos lleva a la ruptura del diálogo, a la inconsistencia de las relaciones, a la desconfianza.
Alguien decía que en la medida en que aumentan las posibilidades de tener disminuye la libertad de elegir. Las cosas, que están hechas para facilitar la vida, pueden acabar por complicarla definitivamente si ocupan demasiado espacio interior.
La libertad interior de la persona tiene que ver directamente con la disponibilidad a compartir con los demás, con tener el corazón libre de muchas ataduras materiales, que condicionan y acaparan la atención, el tiempo y las preocupaciones. Si se procura atender lo fundamental (trabajo, familia, amistad), las demás cosas van saliendo más ordenadamente.
Disponga de tiempo
Tener espacio interior, disponer de tiempo para el cultivo personal y serio y para los demás son aspectos básicos de la madurez.
La calidad de vida en la familia, en síntesis, significa que los hijos sean personas libres y responsables, y para lograr este objetivo los padres tienen que ser, a su vez, libres y responsables. Entonces habrá coherencia y ejemplaridad de vida, maneras como se expresa el liderazgo en la familia y un clima de participación.
Podemos tener la más absoluta seguridad de que si la educación que se da en las familias no apunta a los valores más altos, a la escuela le será muy difícil cumplir su tarea; y si la escuela no fortalece esos valores que deben inculcarse en la vida a través de la familia, la educación familiar se quedará corta y los individuos revelarán una gran deficiencia en su futuro.
Se educa de verdad cuando se busca que la persona tenga convicciones y que las comunique haciéndolas realidad. Hay algo fundamental que no se comunica con la más revolucionaria de las metodologías o técnicas. Ese algo es la “vida vivida”, enseñar a servir con el testimonio del ejemplo, superando el estrecho mundo del yo y de los intereses individualistas.

Lic. Ledia Gutiérrez Lanzas
Psicóloga clínica
Consultorio psicológico Mente Sana, Bello Horizonte B II 84. Telfs. 2490536 y 8122460
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