Salud y Sexualidad

Experiencia, amor y adolescencia

En los vínculos amorosos que establecen los adolescentes está presente el deseo de estar casi todo el tiempo juntos, de conocerse detalladamente, de tenerse confianza, de abrazarse, de tener contacto físico

La adolescencia es un concepto que se construyó el siglo pasado, no es un concepto acabado, ni está claramente delimitado en cuanto al periodo de edad que abarca y cuándo empieza la juventud.
Lo que sí está muy claro y queda perfectamente expresado en palabras de Fina Sanz (psicóloga, psicoterapeuta, sexóloga y pedagoga española) es que: "todos necesitamos amar y ser amados" a lo largo del viaje de la vida.
El círculo se amplía
Un viaje con múltiples acompañantes, ya que conforme vamos creciendo el círculo se amplía mucho más allá de nuestra familia nuclear. Las primeras relaciones o las relaciones que se dan alrededor y durante la adolescencia tienen tanto significado para sus protagonistas como los lazos afectivos que se establecen en la edad adulta.
En los vínculos amorosos que establecen los adolescentes está presente el deseo de estar casi todo el tiempo juntos, de conocerse detalladamente, de tenerse confianza, de abrazarse, de tener contacto físico. La validación de estos vínculos facilita el que el adolescente pueda aprender quién es, sus gustos, sus disgustos, etc.
Aprender a amar y ser amado
De la misma manera que existe en las escuelas una educación formal que es vista como esencial en el desarrollo de cada uno de nosotros, es necesaria y vital la formación emocional, un aprender y enseñar a amar y amarse, lo cual implica un fluir entre el dar, el recibir y el pedir.
Pocas veces se comparte de generación a generación este saber, estas experiencias afectivas a veces gratificantes, a veces dolorosas. Desde la alegría, el miedo, la tristeza, el enojo, emociones que también acompañaron nuestra vivencia del amor. Experiencias que tanto valor tienen, no por el contenido en sí de nuestras historias, sino por el solo hecho de compartirlas honestamente, de generar un espacio-tiempo donde el conocimiento dé paso al respeto y el respeto al afecto.
Si reconocemos nuestras propias vivencias podremos reconocer otras (en este caso las de los adolescentes) y enseñarles este mismo proceso. Se trata de aprender a acercarnos no desde la imposición, el juicio, la descalificación, sino desde el acompañamiento, desde el estar, desde la aceptación.
Hasta ahora las restricciones sólo han agrandado la distancia para acercarnos a ellos. Sus decisiones ya las están tomando o las tomarán, la cuestión es dónde queremos estar: en la distancia observándolos únicamente o en la cercanía, acompañándolos en sus vivencias, en su propio proceso, como las personas totales que son.

Tomado de www.sexualidadonline.com
Psicóloga Santa Ortega Gutiérrez
santaog@hotmail.com