Salud y Sexualidad

Nunca en la primera cita

Lamentando perder una noche de sexo por sus preocupaciones maternas, decide llevarse al hombre a casa, acostarlo en el sofá y tomarse unas pastillas de dormir para no morirse de tristeza

Jove
Estelí, tras mucho posponer una cita, “quien quiere celeste que le cueste”, aceptó una cita con el “metrosexual”. Si bien le rechazó inicialmente, pues pensó que quizás el hombre quería exhibirse por la ciudad por un asunto político y levantar su imagen de hombre ante la opinión pública y posibles electores, luego se enteró que el asunto era algo serio, ya que el “metrosexual” la invitaba a lugares poco iluminados, discretos y escondidos.
Tampoco le dijo el discurso de rigor, fue claro: un trabajo, beca de estudios o ayudarla en su vida, considerando que Estelí podría con la manutención que recibe mantener al “metrosexual” por el resto de su vida, estuvo bien que desde el principio lo único que dijo fue “buscar algo diferente, sin grandes rollos personales”.
Estelí aceptó salir con él, porque los regalos que le envió no son típicos de un individuo de “dudosa opción sexual”: un desarmador cuando ella le dijo que tenía que apretar unos tornillos, una agenda, “así apartarás tus días conmigo”, y se presentó tempranito en casa para llevarle su auto al cambio de placas.
- Pues parece que sos realmente machito --le dijo Estelí. Decidió aceptar sus invitaciones a salir; almuerzos, cenas y cine, nada íntimo como ir a bailar, “porque la duda es la duda ¡carajo!”.
- En fin, el “metrosexual” fue siempre un caballero, atento, dispuesto a conversar y a pasarse un poquito de las manos, nada grave, una mano en los muslos argumentando algún frío, una caricia en la baja espalda bajo el supuesto “esto me gusta de ti”.
Estelí decidió pasar a otra etapa de la relación: “ir a bailar”, actividad que da la suficiente información sobre las habilidades de cualquier hombre en la cama. Y la noche pudo ir perfecta, pero la Coquito estaba muy enferma, temió que no pudiese cuidar a la niña y pasó entre set y set llamando a la casa para saber si el resfrío de la Coquito empeoraba o mejoraba, por tanto, no pudo ponerse en la “nota” y el “metrosexual” se pasó de tragos; ella también se hubiera pasado si no tuviese la preocupación en la casa y quizás hubieran terminado la noche en un hotel.
Pero esa noche, al final de esa noche, se da cuenta que “metrosexual” no puede manejar, y ella no conoce la casa del sujeto. Lamentando perder una noche de sexo por sus preocupaciones maternas, decide llevarse al hombre a casa, acostarlo en el sofá y tomarse unas pastillas de dormir para no morirse de tristeza.
Coquito está aún despierta, a pesar del catarro tan fuerte le ayuda con el hombre, consigue unas colchas “para que el pobrecito no se resfríe”, luego va al cuarto de la niña, que duerme tranquila: “¿Cómo va a creer seño que le voy a pasar la gripe a la nena?”, y Estelí decide dormir al ver que incluso la Coquito da signos de mejoría.
A mitad de la madrugada su instinto la despierta, alguien respira con dificultad y teme lo peor: la niña tiene alergia. Sin tiempo de vestirse, corre hasta la habitación de la niña que duerme el sueño de los justos, luego va donde Coquito, abre la puerta sin tocar y se encuentra a la Coquito respirando con dificultad, pero por el más antiguo de los problemas respiratorios: un orgasmo, que el “metrosexual” le está dispensando.